¿He sido yo? El sentimiento de culpa, una losa demasiado pesada

Imanol Querejeta y Javier vizcaíno – Viernes, 8 de Abril de 2011

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Es necesario ser conscientes del mal causado e imponerse la tarea de reparar el daño. Sin embargo, encerrarse en el sentimiento de culpa sólo conduce a una espiral que, además de no servir para restañar heridas, resulta incapacitante. Hay que saber atemperar toda esa negatividad que nos invade… hasta cuando no hemos sido responsables de lo que nos quema por dentro.

JV.- ¿Por qué hay personas que se sienten culpables incluso de lo que no han hecho?
IQ.- En muchos casos, porque esas personas están enfermas. Están deprimidas y la culpa es uno de los síntomas de esta enfermedad. Cuando adquiere características delirantes, induce un sufrimiento muy intenso. Al margen de personas con un diagnóstico franco de depresión, la culpa se da en  personas a las que les dominan preferentemente sentimientos negativos, personas que no se creen merecedoras del cariño de nadie porque creen que todo lo hacen mal. Este sentimiento suele ir acompañado del temor a ser abandonados.

JV.- Otras veces nos sentimos culpables de algo en lo que sí hemos tenido que ver, pero magnificando sus consecuencias. ¿Qué hay detrás de esa exageración?
IQ.- Normalmente, el tipo de vínculo que nos une a la persona que es la que sufre las consecuencias de eso que nos parece que hemos hecho tan mal. También magnificar lo que ocurre es una manera indirecta de protegernos de las sanciones porque una cosa es cierta: el reconocimiento de los errores siempre conlleva la comprensión del agraviado y facilita ese acato tan reconfortante que es el de perdonar.

JV.- En los dos supuestos que he anotado, nos encontramos ante personas nada resolutivas, que tienden a la pasividad sólo por el miedo a hacer algo mal o causar algún mal.
IQ.- Efectivamente, suelen ser personas que no procesan bien la información y que distorsionan su pensamiento centrándose en actos ya pasados, que ya no se pueden corregir ni mejorar. Cuanto más te centras en el pasado, menos contactas con los quehaceres del hoy y no resuelves.

JV.- ¿Es un perfil, el de quien vive atemorizado por la culpa, que se presta especialmente a ser manipulado por personas sin escrúpulos o con mala intención?
IQ.- Sí, porque, como te decía antes, estas personas autodevaluadas y que creen que no merecen nada viven atemorizados por el miedo a quedarse solas y hacen cualquier cosa para que esto no ocurra, para que no les abandonen.

“Hay un remedio para las culpas: reconocerlas”.
(Franz Grillparzer)

JV.- Para que exista este sentimiento, no es necesario que haya daños a terceros. Muchas veces nos culpamos por hechos que sólo nos perjudican a nosotros, incluso aparentemente tan nimios como saltarnos la dieta…
IQ.- Sí, esto es típico y con ello establecemos un círculo vicioso que consiste en que nos saltamos la dieta, nos sentimos culpables, ponemos en marcha una serie de mecanismos compensatorios normalmente muy desadaptadores que generan una tensión que la resolvemos volviendo a comer y, por lo tanto, rompiendo la dieta.

JV.- ¿Cómo nos liberamos del peso de creernos o sabernos culpables de algo? ¿Qué penitencia nos imponemos?
IQ.- Siempre recuerdo que la manera de sentirnos libres de una culpa es cumplir los 5 pasos de una confesión de las de antes, de las de confesionario y (con esto hago la reválida de mis estudios de religión) que eran: examen de conciencia, contricción de corazón, propósito de la enmienda (éste último remarcado), decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Hay que tener conciencia de lo que está mal hecho, reconocerlo y afrontar el castigo con el firme propósito de no reincidir. Esas personas que se dirigen a alguien y le dicen “si te he hecho algo perdona”, no deberían hacerlo así porque no se puede ni pedir, ni recibir el perdón si no se sabe lo que se ha hecho. Aunque en Interior se enfaden conmigo, eso es lo que invalida el efecto supuestamente corrector que tienen las multas que llegan por correo; nadie puede asociar una sanción con un acto que ha ocurrido meses antes y que ha sido captado por una cámara. Los refuerzos, tanto positivos como negativos, han de ser contingentes, es decir, inmediatos, de manera que se puedan relacionar con lo que se premia o castiga.

JV.- En cualquier caso, no se trata de desterrar totalmente la conciencia de haber obrado mal.
IQ.- Por supuesto que no. Justo lo contrario: hay que reconocer lo mal hecho para repararlo.

JV.- Te preguntaba lo anterior porque, en el extremo contrario a lo que venimos hablando, también hay personas incapaces de sentir el menor remordimiento por sus actos dañinos.
IQ.- Sí, esos son los psicópatas, que no sólo no sienten culpa al hacer daño, sino que se divierten y sienten placer al hacerlo.

JV.- Y luego están los que ni se plantean lo de los remordimientos, simplemente porque cuando hacen algo, atribuyen la responsabilidad a otro u otros.
IQ.- Esos son los muy narcisistas, que tiene todos un fondo perverso y sádico.

JV.- Una variedad preocupante de estos últimos son los que siempre en ven en los demás el origen de sus propios males.
IQ.- Sí,  y suelen ser impermeables a cualquier comentario corrector, por muy bien intencionado que sea.

JV.- Para terminar el catálogo (aunque seguro que hay más), también están los que tienden a pensar que las cosas suceden porque sí, que no hay culpables de nada.
IQ.- Todos somos responsables de lo que hacemos, tanto para bien, como para mal y sólo somos culpables del daño que hacemos con mala fe. El azar juega un papel en la vida, pero la mayoría de las cosas no ocurren por azar; son consecuencia de pensamientos que inducen emociones y ambas promueven comportamientos, unos de consecuencias deseables y otras de consecuencias funestas. Suele ser nuestra intención la que determina a que lado caen los resultados.

Qué ayuda

Ser lo más transparente posible para reconocer con el miedo que haga falta lo que está mal hecho, porque el perdón nos redime y nos libra de la culpa.

No ejercer más vanidad que la justa, de manera que aprendamos a ejercer también la humildad que nos ayudará a evitar tener esta mala sensación.

Asumir que no somos el centro neurálgico del mundo y que no podemos resolver todos los problemas que surgen a nuestro alrededor (propios y ajenos).

Qué dificulta

La perversión.

La cobardía para reconocer lo que hacemos mal.

El silencio, la ocultación de nuestros errores.

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