Cuestión de cintura

Hay que perder el miedo a los cambios

Imanol Querejeta y Javier Vizcaíno – Viernes, 22 de Julio de 2011

Es frecuente que los cambios provoquen un cierto nivel de inseguridad o miedo. Por eso es necesario trabajar nuestra capacidad de adaptación para digerir las novedades con normalidad. Además, en la inmensa mayoría de los casos, el temor está muy por encima de la realidad. Para cuando nos damos cuenta, nos hemos acostumbrado a la situación que nos parecía imposible de superar.

JV.- ¿Por qué hay personas que tienen pánico a los cambios, por insignificantes que sean? Hay quien, ante un simple cambio de turno en el trabajo, sufre como si le fueran a mandar a vivir a otro planeta…

IQ.- Efectivamente, y quien llega a obsesionarse de tal manera ante la posibilidad de no conseguir la adaptación, que se llega a deprimir. Esto ocurre en gente muy insegura y muy rígida, que necesita establecer un control absoluto sobre todo lo que hace, sin poder improvisar nada ante los cambios.

JV.- ¿Nos lleva ese miedo a autoengañarnos, a dar por buena una situación que no lo es y renunciar a cualquier posible mejora?

IQ.- Puede. Hay quien aplica aquello de lo “más vale malo conocido que lo bueno por conocer” con mucha frecuencia porque sus objetivos son limitados y porque se siente cómodo en la seguridad ante la innovación. Prefiere lo conocido antes que lo que está por descubrir.

“Nada es permanente, a excepción del cambio” (Heráclito de Efeso)

JV.- En todo caso, y al margen de cómo seamos, es normal que los cambios nos provoquen una cierta intranquilidad, aunque sea un cosquilleo en el estómago.

IQ.- Por supuesto. Además de normal, es muy deseable. Todo el que afronta algo nuevo con fe y con las mejores intenciones tiene que tener una tensión que es obligatoria ante una responsabilidad o tarea que se quieren hacer bien. El relajo excesivo no es propio de gente responsable.

JV.- Obviamente, cuanto más tiempo llevemos haciendo una cosa, más nos costará hacernos a la idea de que tenemos que hacer otra.

IQ.- No necesariamente. Creo que es bueno que con el tiempo nos vayamos dando cuenta de lo mucho que nos queda por saber y lo mucho que desconocemos. Luego viene lo que sentimos ante la eventualidad de tener que afrontar esas situación, si estamos a gusto con el área de conocimiento en la que trabajamos, seguro que seguiremos, y si no, nos plantearemos el cambio con más facilidad.

JV.- Lo curioso es que, salvo excepciones, no suele ser para tanto y apenas tardamos en acostumbrarnos a la nueva rutina.

IQ.- Así es. En cuanto dejamos de anticipar todos los problemas que surgen en nuestra imaginación por los que depara la realidad y que tienen solución siempre (mejor o peor, pero solución), no sólo nos acostumbramos a los cambios sino que nos agradan, como todo aquello que supone un aprendizaje.

JV.- ¿Cómo nos preparamos para afrontar un cambio? ¿Dedicamos las 24 horas del día a pensar en ello? ¿Lo borramos de nuestra mente hasta el instante justo en que se va a producir?

IQ.- Lo primero es tomar la decisión y para ello, estar informados de lo que afrontamos y de si estamos capacitados para ello. Luego, consultarlo con “los de siempre” y una vez tomada la decisión, dar el paso adelante, comunicarlo a todas las partes interesadas y olvidarnos del tema hasta el día D.

JV.-Las preguntas anteriores tenían sentido ante un cambio previsto con cierta antelación. La situación se complica cuando el cambio es repentino e inevitable. Si no tenemos capacidad de adaptación, estamos perdidos.

IQ.- Sí. En ese momento nos surgen tantas posibilidades a la vez que, si dudamos, nos conducen a esa situación que se suele denominar de “bloqueo” mental por incapacidad de decidir.

JV.- ¿Crees que las generaciones actuales tienen más miedo a los cambios que las anteriores?

IQ.- No lo sé. Hay de todo y según en qué cosas, no muestran miedo ante los cambios y tienen menos apego que nosotros, como sucede en las relaciones de pareja, en los cambios de actividad laboral. En otras sí les cuesta, sobre todo, en aquellas que les obligan a prescindir de algunos privilegios, razón por la que tardan en independizarse. No creo que haya patrones estándar en unas generaciones o en otras. Supongo que lo que cambiará es la denominación que se les aplica en cada una.

JV.- En el extremo opuesto de los resistentes a los cambios, están quienes los necesitan con frecuencia. Tampoco parece muy recomendable tan alta insatisfacción…

IQ.- También depende. Hay gente que es muy autoexigente y que no se ve repitiendo tareas más allá de un tiempo breve. Otros no se vinculan a nada ni a nadie porque son muy apasionados y necesitan experimentar cambios grandes para sentirse vivos, para no sentirse encasillados (no encasilla el cambio, sino la actitud: se puede repetir una misma actividad de maneras muy diferentes y siempre buscando lo mejor posible). Los hay curiosos que ven como su atención cambia de objetivo con frecuencia, los hay para los que el compromiso es una manera de dejarse conocer, de delatarse, ante lo que ponen pies en polvorosa para alejarse de algo que viven como peligroso, el darse a conocer, en fin…

JV.- También hay quien ve los cambios como la solución a todos sus problemas. Y no necesariamente es así.

IQ.- No. Los cambios pueden ser la solución de los problemas o el agravamiento de los mismos. Los cambios son importantes en la vida y por ello hay que aplicarse como ya he mencionado antes. Pensar, consultar y dar el paso. Cambiar porque sí muchas veces nos confunde y confunde a los demás acerca de nuestras habilidades y nuestras carencias.

QUÉ AYUDA

  • La reflexión serena acerca de lo que hacemos, lo que nos satisface y lo que nos puede ofrecer un cambio.
  • La autocrítica para saber lo que debemos cambiar y para qué.
  • Acudir a pedir consejo a nuestros amigos de confianza de siempre. La flexibilidad, que siempre ayuda a improvisar.
  • La información y la experiencia

QUÉ DIFICULTA

  • La falta de compromiso que nos lleva a cambiar por cambiar.
  • La excesiva rigidez, que suele dificultar la toma de decisiones.
  • La búsqueda de una excesiva seguridad que nos bloquea.
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2 comentarios sobre “Cuestión de cintura

  1. Digo algo que tal vez no sea coherente con el texto, pero a veces la “intuición” vale más que toda clase de racionalización. Y no me parece tanto confrontarlo todo con el parecer de los demás, porque a veces a uno se le ponen esas cosas en la cabeza a las que cualquiera te va a decir que ni se te ocurra o que es un delirio y te mandás igual y te va bien porque era tal la fe o confianza que te llevó a esa acción que le ponés una energía inigualable y lográs el objetivo.

    1. Hola Antares, gracias de nuevo por comentar artículos. Mi opinión es que vale un poco de todo, pero al final tú decides lo que debes hacer… y sí cierta intuición es la que al final nos permite guiarnos hacia la solución o resolución final a esas dudas, ¿no?. Suele pasar que lo primero que has “sentido” es lo correcto… y a mi me pasa con esa intuición… un saludo

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