El campo más ancho del mundo

LUIS MARTÍN – BARCELONA – 21/09/2011

Guardiola está convencido de que no hay mejor manera de competir por su cuarta Liga consecutiva que jugando mejor, y eso implica encontrar espacios donde cada vez quedan menos. La idea no se discute, se desarrolla, que diría Zubizarreta. La apuesta este verano por jugadores ofensivos no fue casual, seguros como están los técnicos del Barça de que no hay mejor manera para defender bien que atacar mejor. Para conseguirlo, Guardiola ha recuperado una solución que remite a Rexach: “En la duda, pon a los buenos”, suele decir Charly. Guardiola y Tito Vilanova miraron a su alrededor cuando se cayeron Piqué, trascendental en el inicio del juego, y Alexis, fundamental para abrir el ataque. Aunque vieron mucho y bueno, casi todo eran centrocampistas. Ni se inmutaron ni hizo falta hablarlo entre ellos: el centro del campo se llenó como nunca.

Guardiola se ha inventado el campo más ancho del mundo después de haberlo estirado como nadie: si en la final de Copa de 2009, contra el Athletic, sus centrales (Touré y Piqué) comenzaron la jugada desde su propia línea de gol, el técnico ha conseguido ahora que le quepan cinco centrocampistas y medio y que el equipo siga siendo fiable. Lo demuestra un tiro recibido por 19 remates a la portería de Osasuna jugando con Busquets, Mascherano, Xavi, Fábregas, Thiago y Messi, un nueve que no está y aparece desde la segunda línea, donde vive y combina. Siendo reconocible el equipo, el boceto es diferente, pero explica Guardiola que el dibujo en la pizarra es solo un punto de partida. “Luego se mueven”, bromea. Se come el entrenador a un defensa y el equipo se distribuye en un 3-4-3 o, como dijo Thiago, un 3-5-2, el dibujo que utilizó el Barça el año pasado en Mestalla.

Guardiola se sabe muy exigido por Emery, el técnico del Valencia, ahora líder de la Liga. Así, la pasada temporada, tras empatar dos años seguidos, juntó cinco futbolistas en el centro del campo y Messi rompió la imbatibilidad local con el gol de la victoria. Jugó el Barça con tres defensas (Piqué, Busquets y Abidal), cinco hombres en la divisoria (Alves, Xavi, Mascherano, Iniesta y Adriano) y dos puntas (Messi y Villa). O sea, como el domingo, solo que en el centro del campo estaban Thiago, Fàbregas, Busquets, Xavi y Messi, como enganche con Alves y Villa.

Dice Guardiola que el secreto de un buen equipo está en el orden, que todos sepan qué hacer. A partir del dibujo que se intuye -ya sea 3-5-2, 3-4-3 o 4-3-3: “números de teléfono”, suele decir Menotti- persigue, además de arropar a Messi, encontrar caminos, generar espacios o dar una pista para que los encuentren. Por eso se abren mucho Xavi y Thiago en la zona ancha, para jugar de fuera hacia adentro y separar a los pivotes rivales. Antes que los extremos, son los dos interiores los que atacan desde la periferia al núcleo. El sábado, ante Osasuna, el equipo llegó por la frontal hasta en 34 oportunidades.

“Todos somos diferentes y complementándonos hacemos un gran equipo”, sostiene Thiago, quien elogia a Cesc: “Su desmarque lo tienen pocos”. “Su anarquía nos viene muy bien”, admite Guardiola. “El partido lo leen los jugadores; nosotros no tenemos un mando a distancia. Se trata de que se distribuyan ellos, dentro de un orden”. La orden del técnico es siempre la misma: “Pensar por vosotros y por el compañero”.

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