Pasar página

La vida se vive hacia adelante

Sábado, 5 de Noviembre de 2011

Ni podemos ni debemos detenernos indefinidamente en situaciones por las que ya no hay mucho que hacer. Solo sabremos lo que nos aguarda en la nueva página si somos capaces de pasar la que nos retiene

J.V.- ¿Por qué nos regodeamos una y otra vez en episodios de nuestra vida que o ya no nos aportan nada o, peor aún, solo nos generan sufrimiento? ¿Somos masoquistas por naturaleza?

I.Q.- Por una razón sencilla: las emociones intensas, tanto las buenas como las malas, dejan en nosotros huellas muy profundas. Además, cuando recordamos episodios que han conllevado dolor y malestar es inevitable pensar en lo que debimos hacer para evitar problemas y no lo hicimos. Sacamos a pasear los y si… que caracterizan al pensamiento catastrófico y empezamos a sufrir porque la mayoría de las veces lo que nos hace sufrir es producto de una decisión que se toma en un instante y que, una vez echada la vista atrás, nos parece que se pudo cambiar. Pero no se puede. También podríamos hablar de las teorías de los neurotransmisores ligadas a las experiencias placenteras y displacenteras, pero eso se sale del objetivo de nuestra sección.

J.V.- Sí, eso mejor lo dejamos para otro día… Vamos con un ejemplo clásico. Una relación amorosa que se enquista. Ya se ha comprobado que hablando no se resuelve nada. Pero nunca se encuentra el momento adecuado para romper y la agonía se prolonga. Así, ¿hasta cuándo?

I.Q.- Pues hasta que uno de los dos, o ambos (lo preferible) se sientan a preguntarse por el futuro de su proyecto. El amor es un sentimiento o una pasión, según como se sienta, pero las relaciones amorosas son otra cosa. Estas últimas son imposibles sin amor, pero fracasan si no usan de la otra parte del cerebro, de la racional. Si hacemos un repaso de las personas que tenemos cerca, nos damos cuenta de que amamos a muchas y con mucha intensidad, pero que la convivencia, las relaciones continuas, no se podrían desarrollar con todas de la misma manera. Como te decía, cuando no hay un proyecto y no hay una esperanza común, lo mejor es alejarse, al menos un tiempo, para poder decidir con tranquilidad y si a pesar de la reflexión no hay futuro, mejor cerrar ese episodio y pasar página.

“El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente” Gustave Flaubert

J.V.- Otra situación. Hemos cometido un error. Está hecho y ya no hay remedio. Pero no se nos va de la cabeza. Lo peor es que nos impide desarrollar nuestra actividad normal. ¿Hay alguna goma de borrar mágica para eliminar ese momento fatal?

I.Q.- En la vida no hay magia salvo la que creamos con los sentimientos. Para aparcar estos pensamientos recurrentes hay que hacer dos ejercicios. El primero, insistirse una y otra vez que el pasado no sirve de mucho si nos sentamos en él, porque no avanzamos. Y el segundo comprender que la mejor manera de olvidar algo es aprender a convivir con el dolor por las consecuencias de nuestro error y dejar que el paso del tiempo vaya llenando nuestra conciencia de otro tipo de pensamiento. Mi admirado Fito dice en una estrofa de una de sus canciones: “Todas las cosas que al mar tiramos nos las devuelve siempre la marea. Cuanto más tratas de olvidarlo con más fuerza lo recuerdas”.

J.V.- Más páginas difíciles de pasar. Hemos sido víctimas de una afrenta o de una injusticia. Como en el caso anterior, ya no hay remedio. Y tenemos que seguir viviendo. ¿Cómo lo conseguimos?

I.Q.- Pues con lo mismo. Aprendiendo a que no siempre se puede ganar, que hay que aprender a perder porque es sano y porque una batalla, por mucho que se pierda en ella, nunca constituye la guerra. Eso sí, mientras se pueda luchar hay que apretar los dientes, mantener la esperanza y no rendirse. También consolarse, que en la vida los injustos terminan pagando el precio de su maldad. Tal vez no con nosotros, pero sí con otros a quienes han llegado desgastados por nuestra resistencia.

J.V.- Todos los ejemplos que hemos puesto me recuerdan una frase de nuestro comúnmente admirado Gustavo Zerbino, uno de los supervivientes del accidente de Los Andes: “Vivimos más tiempo en el pasado que en el presente”. Ahí está la clave, ¿no?

I.Q.- Sin duda. Kierkegaard decía que la vida solo puede ser comprendida mirando para atrás, mas solo puede ser vivida mirando para adelante. Como te decía hace unas líneas, el pasado es para echar una mirada en ocasiones y recordar lo que hicimos mal, pero hay que vivir lo que viene, centrados en el futuro inmediato, porque el remoto tal vez no llegue. Hace poco leía en un periódico catalán una entrevista al filósofo Rafael Argullols en la que decía que había que vivir de manera que el futuro tenga envidia del presente. Aprovecho para decir que el próximo 16 de noviembre en el Kursaal, dentro de los IV diálogos de Ética, Humanismo y Ciencia tendré el privilegio de presentar a Gustavo Zerbino como ponente.

J.V.- Lo curioso es que si miramos en perspectiva, comprobamos que muchas de las situaciones que creímos insuperables y terribles en el pasado, vistas al cabo de los años nos parecen tonterías. Es más, casi ni recordamos por qué nos hicieron sufrir tanto…

I.Q.- Evidentemente, para eso está la experiencia, no solo para arrugarnos la cara y teñirnos el pelo de blanco. Añadiría que la impresión agradable que habitualmente ofrece el recordar el pasado se debe precisamente a que el recuerdo tiende a seleccionar lo más grato, lo cual es una pequeña trampa (entrañable, pero trampa). Además, a veces algo nos parece terrible cuando somos jóvenes porque nos parece que no vamos a tener nunca más la ocasión de vivirlo.

J.V.- Pasar página, en cualquier caso, no significa necesariamente olvidar ni engañarnos pensando que tal o cual circunstancia nunca han pasado. Vamos, que lo de “borrón y cuenta nueva” es muy relativo y matizable.

I.Q.- Totalmente de acuerdo. Borrón y cuenta nueva quiere decir que intentemos vivir sin que esos pensamientos recurrentes de los que te hablaba antes no nos abstraigan demasiado del presente, pero no que hay que olvidar lo que somos y lo que hemos sido. Nuestro Yo es un continuo desde ayer a mañana.

J.V.- Y tampoco debemos pasar páginas en falso, sin obtener el debido aprendizaje (positivo, negativo o neutro) de la anterior. ¿Estás de acuerdo?

I.Q.- Si, completamente. La vida es una experiencia única e irrepetible que no se puede vivir de la misma manera que un espectador contempla una obra de teatro escrita, e interpretada, por otros. Hay que aprender, aplicar las enseñanzas y transmitirlas a nuestros hijos (aunque no nos hagan ni caso).

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