La cara A y la cara B Los defectos y las virtudes van juntos

Somos la suma (y no pocas veces, la resta) de nuestros defectos y nuestras virtudes. La autocrítica nos ayuda a identificar lo positivo y lo negativo que llevamos dentro. No siempre lo mejor es tan bueno ni lo peor tan malo. Ni en nosotros ni en los demás.

Imanol Querejeta y Javier Vizcaíno – Sábado, 26 de Noviembre de 2011

JV.- Todos tenemos de lo uno y de lo otro. Lo fundamental es que al hacer la media salgan más virtudes que defectos.

IQ.- Suelo decir que tenemos cualidades. Todas ellas conforman nuestro ser, y las mismas cualidades, según cómo las utilicemos, dónde, en qué medida y para qué, se convierten en virtudes o defectos. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que hay que trabajar para que nuestra cara A prevalezca sobre la cara B. Esto se consigue con la experiencia y con el ejercicio de la autocrítica y el autoconocimiento.

JV.- Sin esa capacidad autocrítica que acabas de mentar es imposible hacer un inventario correcto de aquello en lo que destacamos y de aquello en lo que fallamos.

IQ.- Todos debemos saber para lo que valemos y debemos hacerlo desde el convencimiento de su importancia, que es absoluta si lo trabajamos con honestidad y sin miedo.Una vez reconocido esto, plantearnos hacer algo para lo que no estamos dotados, en lugar de ceder el protagonismo (la responsabilidad) a quien sí lo sabe hacer, puede ser algo que traiga consecuencias nefastas. Reiterar en ese intento es un error mucho más grave. No hay nada mejor que vivir con vocación de servicio porque te da muchas satisfacciones y solo los disgustos provocados por las personas que abusan de esa condición tuya siempre en beneficio propio.

JV.- Lo anterior, obviamente, sin pasarse. Porque también hay gente tan negativa que piensa que todo lo hace mal y no destaca en nada.

IQ.- Premisa número uno: nadie hace todo mal, de la misma manera que nadie lo hace todo bien. Lo peor de todo es no hacer, quedarte paralizado porque, como decía en una sección anterior, ocupamos un espacio en el mundo que lo puede cubrir otra persona pero nadie mejor que nosotros mismos. Suelo decir que nadie es imprescindible, pero que todos somos insustituibles. El afecto, o si lo prefieres, el amor que se aplica al hacer algo es personal e intransferible. Seguro que se puede hacer lo mismo que haces tú, pero no igual.

JV.- En cualquier caso, la norma general es la del ojo y la viga. Es decir, enseguida vemos las carencias de los demás y las nuestras se nos pasan por alto.

IQ.- Es muy frecuente. Un ejemplo es ese en el que personas a las que les dices que no a un planteamiento que te hacen porque lo consideras equivocado con argumentos sólidos y te dicen que eres una persona rígida solo porque tu opinión es un obstáculo en el logro de lo que quieren. Sí, así es, lo de la autocrítica es un elemento imprescindible para vivir y dejar vivir.

JV.- El peligro es tener a un sacafaltas cerca. Puede acabar convenciéndonos de que somos lo peor de lo peor.

IQ.- Con frecuencia, a los sacafaltas les pasa como a los graciosetes, que les gusta hacer bromas a los demás, pero no les gusta nada que se las hagan a ellos. Los elementos críticos a mí me gustan, y algunos de mis amigos son demoledores, pero siempre con una finalidad noble (no digo buena intención, de las que está empedrado el infierno) y, por supuesto, ellos aceptan y agradecen la transparencia en la comunicación.

JV.- Y no sé si tampoco es muy positivo tener a alguien que siempre está contándonos lo maravillosos que somos. Como nos lo creamos, vamos mal.

IQ.- Eso, como decía un chiste que circula por Internet, es publicidad engañosa y debería estar penado por la ley. Sin embargo, hay personas a las que hasta se les pone el pelo de un blanco rancio exigiendo una pleitesía total, un asentimiento sin peros y una ovación con vuelta al ruedo por cada sílaba que pronuncian… Allá ellos con su narcisismo. Es recomendable alejarse prudentemente de las personas que solo te alaban y que lo hacen usando calificativos.

JV.- Una curiosidad. No juzgamos del mismo modo según a quién. De alguien muy locuaz que nos cae mal decimos que es un loro; si nos cae bien, es simpático y extrovertido. Cuesta mucho ser ecuánime.

IQ.- Pues sí, así es, pero creo que, como en casi todo, hay matices, porque suele ocurrir que la gente nos cae mejor o peor por afinidades. Sin olvidar que hay que respetar a quien te respeta (ojo, solo al que te respeta),creo que es más fácil de ejercer la tolerancia de las caras B con aquellos con los que compartes que con los que no. Ya sabes, hablar de fútbol, de la forma insistente en que se habla, delante de personas a las que solo les gusta la moda es una fuente de aburrimiento para estos últimos… pero lo contrario es exactamente igual. Que conste que hablo de fútbol y moda por poner ejemplos y que no tengo nada en contra de lo uno ni ni de lo otro.

JV.- ¿Se pueden trabajar las virtudes? Si es así, ¿cuáles crees que deberíamos trabajar?

IQ.- Cómo no. Sin duda que se pueden trabajar. De hecho, todo se puede y se debe trabajar, hasta el resentimiento, para convertirlo en capacidad de perdonar y de saber pedir perdón. A la segunda pregunta te diría que deberíamos trabajar aquellas cualidades que nos facilitan vivir en armonía con el entorno. Aquellas que nos hagan crecer y ayudar, con la debida humildad, a crecer a los demás. Aquellas que nos ayudan a mejorar y a convertir cada momento en uno trascendente e irrepetible. De esta manera, esas cualidades ejercerían de virtud.

JV.- En el lado inverso, ¿qué defectos deberíamos esforzarnos en desterrar de nuestro comportamiento?

IQ.- Aquellas cualidades que excluyan a las personas de nuestro alrededor solo porque no secundan nuestra ambición malsana o no apoyan nuestros intereses más oscuros. La competencia desleal, la envidia, el plagio de las ideas por ambición personal poniendo en riesgo la utilidad de esas ideas para los demás, en fin,un largo etcétera…

JV.- Con todo, mantener ciertos defectos nos hace humanos… y a veces, hasta simpáticos, ¿no crees?

IQ.- Sí, cómo no, y si somos lo suficientemente hábiles para ejercerlas en su justa medida, sin exagerar, mejor. La mayoría de las caricaturas suelen apoyarse en esa cara B de la que hablo y la gracia que hacen se suele basar en cómo se exagera ese rasgo humano y un poquito latoso que forma parte de nuestro yo de siempre.

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