Lo mejor de lo mejor, ¿y si no es tan difícil ser feliz?

Imanol Querejeta y Javier Vizcaino

En estas fechas deseamos y nos desean felicidad. ¿Qué esconde esa palabra? Probablemente, cada persona tiene una respuesta diferente. Incluso hay quien está firmemente convencido de que no existe

J.V.- Esta noche diremos decenas de veces “Feliz año nuevo”. ¿Qué estaremos deseando realmente a quienes nos dirijamos?
I.Q.- Pues vete tú a saber, o auskalo, que se dice en euskera. Creo que es una forma sincera de ser cortés, cordial y amable con la mayoría de las personas con las coincidimos, porque a los que queremos no hace falta que se lo digamos; ellos ya saben que les deseamos lo mejor de lo mejor los 365 días del año.

J.V.- Estoy pensando que si lo decimos en euskera, “urte berri on”, nos ajustaremos un poquito más a lo posible. Es más realista desear un buen año que un año feliz…
I.Q.- Pues creo que sí. La felicidad, como dice Gustavo Zerbino, es una actitud que depende de nosotros exclusivamente. Recuerda la película La vida es bella, en la que alguien que vive un infierno se rebela y consigue olvidarse de todo lo malo que le ocurre y consigue hacer feliz a los que quiere. Sin embargo, que el año sea bueno depende de otras cosas aparte de nosotros.

J.V.- Se lo escuché a un personaje de una serie de televisión: “La felicidad está sobrevalorada”. Y la cosa es que me quedé un rato pensando en ello. A lo mejor tenía razón.
I.Q.- No estoy de acuerdo. La felicidad es un estado de satisfacción que se siente cuando se hace lo que toca con transparencia y con una finalidad noble. Es, además, algo que cambia permanentemente y nos hace mejores cada día. Es una tarea continua que, para mantener, hay que llevarla a veces, como todo, por caminos pedregosos y ásperos.

J.V.- Tal vez sí está idealizada. Se pone el listón demasiado alto y, claro, no hay forma de alcanzarla. Si nos conformáramos con menos, sería más fácil.
I.Q.- No hay listón lo suficientemente alto, no hay que conformarse. La vida, si nos aplicamos, si nos sumergimos en ella, nos da todos los días las oportunidades de hacer esas cosas que nos ayudan a mejorar y también las herramientas para exprimir esos momentos al máximo. Hay que vivir el futuro inmediato y no lo que creemos que puede ocurrir dentro de 15 días, porque lo que tememos normalmente no suele pasar. En cuanto a conformarse, insisto: eso nunca. Hay que ser inteligente y capitular con la vida de vez en cuando, pero para coger resuello y seguir con más fuerza. Suelo decir que para valorar las obras de arte hay que alejarse de ellas para verlas con perspectiva.

J.V.- También se tiende a identificarla con lo material. Acumular bienes y dinero no equivale a ser feliz.
I.Q.- No lo creo así. Te diré más, el hecho de que muchas personas con mucho dinero se pasen el día sólo pensando en cómo aumentar su capital indica que no hay una satisfacción plena, porque esa preocupación les hace sufrir. Lo que nos hace millonarios es acumular experiencias, que es al fin y al cabo en lo que consiste la vida. Somos ricos cuando atesoramos valores que no se pueden perder por una mala operación, por una crisis o un robo. Te hablo de conocimiento, información, amor, respeto, etc.. Esa es la verdadera riqueza, la que sobrevive a cualquier avatar de los que nos depara la vida.

J.V.- Estamos hablando de algo personal e intransferible. Cada cual la cifra o la basa en cosas totalmente diferentes.
I.Q.- Sí, eso creo, y ya ves en lo que la cifro yo. Habría tantos conceptos como personas. Yo ya te he dicho cuál es mi forma de trabajar por ser feliz: entender que el pasado es lo que fui y ya no seré y que el futuro es lo que hago en este instante, que es hablar contigo (que, dicho sea de paso, es una de las cosas que más feliz me hace).

J.V.- Lo que te decía en la pregunta anterior cobra importancia en una relación de pareja. A menudo ocurre que cada uno de los miembros de esa pareja busca una felicidad distinta… y en ocasiones, hasta opuesta a la del otro.
I.Q.- Sí, eso creo, y a mí me gusta porque una manera de mantener una relación viva es trabajarla diariamente buscando ser mejor. Esto muchas veces es posible cuando se complementan las vivencias de cada uno. Hay que trabajar la felicidad y hacerla converger con la del otro, ponerla a su servicio. Todas las mañanas, cuando me despierto, lo primero que pienso es qué tengo que hacer para que la señora que duerme a mi derecha desde hace 18 años siga convencida de que hizo un buen negocio al decidir vivir conmigo, que la merezco. Con mis hijas pasa otro tanto, pero a otro nivel y luego suma y sigue con mis amigos, mi trabajo, mis enemigos (que también te tienen que merecer).

J.V.- Hay quien sostiene que la felicidad siempre ocurre en el pasado o en el futuro, pero casi nunca en el presente. Es decir, que no nos damos cuenta de lo felices que somos hasta que dejamos de serlo.
I.Q.- Como se deduce de lo que he dicho antes, yo opino lo contrario, que somos felices preferentemente en el presente porque inclusive hay hechos del pasado que cuando sucedieron nos hicieron sufrir y con el tiempo cambiamos de opinión. La perspectiva que da la vida nos ayuda a ver las cosas de otra manera, a ser más justos con nosotros, nuestros amigos, nuestros conocidos y con todo lo que hacemos.

J.V.- Otra idea muy extendida es que dura muy poco.
I.Q.- Yo creo que dura lo que tú quieres. No importa que haya personas que vivan para molestarte y hacerte enfadar, pero el convivir con esa mezcla de sentimientos es un motivo de felicidad intensa.

J.V.- ¿También puede haber quien tema a la felicidad? Lo planteo entre interrogantes, pero puedo asegurarte que conozco a varias personas que confiesan tener miedo a ser felices porque creen que durará poco y que lo que venga después será peor.
I.Q.- Pues yo les invito a que aprendan a ser felices porque como todo, una vez que se aprende se disfruta mucho más y se quiere más. En cualquier caso, suponiendo que se perdiese, creo que sólo hay una cosa peor que perder la felicidad y es no conocerla a diario.

J.V.- No hay felicidad como la de quien trata de hacer felices a los demás. ¿Estás de acuerdo?
I.Q.- Sí, lo estoy. Creo que nunca soy tan feliz como cuando pongo mi conocimiento y mis habilidades al servicio de los demás. No hay nada tan gratificante y enriquecedor.

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