Particulares que buscan empleo a través de internet se sienten invadidos por el aluvión de ofertas inadecuadas

“Nada de lo que se me propone coincide con las solicitudes que envié”, se lamenta una desempleada

03/01/2012 Sergio Heredia

Hace cuatro meses que María, de 35 años (nombre y edad simulados), se quedó sin trabajo. Era periodista y trabajaba en Madrid, y tuvo que regresar a Barcelona por cuestiones familiares. Apremiada por las urgencias económicas y la escasez de ofertas, decidió hurgar en internet. Se suscribió a foros y páginas de empleo, publicitando sus datos (mujer de 35 años, vecina de Barcelona, busca trabajo como periodista), y se sentó a esperar. Dos días más tarde, su móvil ardía.

“Llegaron ofertas de todo tipo. Comercial freelance para una empresa del sector de las telecomunicaciones en Madrid. Jefa de recursos humanos en una compañía industrial en el área metropolitana de Oviedo. Becaria en una marca del sector de la moda en Granollers. Jefa de ventas en una agencia organizadora de eventos en Madrid… Pero de lo mío, del ámbito del periodismo, y en mi ciudad, nada de nada”, cuenta María a La Vanguardia, mientras desarrolla su historia. El caso es que el aluvión de ofertas inadecuadas ha seguido adelante en los días sucesivos. Y ahora, invadida y desanimada, se lleva un disgusto cada vez que el móvil recibe otro SMS que le plantea nuevas ofertas.

“Si lo sé, no me meto. Yo estoy buscando un trabajo, no spam“, se lamenta.
El suyo no es un problema exclusivo ni único. Al abrigo de la crisis, azuzados por las galopantes tasas de desempleo, un abanico de portales gestores de búsqueda de trabajo ha aparecido en el mercado. Son centenares, difícilmente cuantificables, pero sí identificables. “En la mayoría de los casos, quienes abusan son los portales agregadores de ofertas de empleo –cuenta Sonia González, product manager de Randstad, que se decide a dar nombres–. Loquo o Indeed, por ejemplo, son productos tecnológicos que rastrean otras webs de empleo y se alimentan de ellas. Al ser productos tecnológicos, no discriminan como deberían. No utilizan filtros. Su objetivo es acumular el mayor número posible de candidatos…”.

Y ahí se mezclan todos los aspirantes a un trabajo y todos los empleos. Por eso mismo, María recibe cualquier tipo de propuestas, a cuál más descorazonadora.

El asunto tiene una resolución compleja. No se le puede poner puertas al campo. Los agregadores hurgan entre los buscadores (como por ejemplo Google) y pescan entre las listas de candidatos de las empresas especializadas. Advierten que un cliente de Adecco, Randstad, Infojobs o Monster busca trabajo y se entrometen en la gestión. Localizan la palabra comercial en algún rincón del perfil del candidato (quizá fue comercial hace veinte años) y se lanzan a por él, de forma indiscriminada: ofrecen un puesto de comercial a quien se brinda como secretario. En los últimos meses, Randstad planteó una denuncia contra uno de estos invasivos agregadores. “Aunque bloquear la invasión del agregador está en manos del aspirante. Puede hacerlo reclamando que le borren de sus listados. El problema es que hacerlo por teléfono es casi imposible: o no atienden el teléfono, o simplemente no publicitan el número”.

Nuria Rius, directora de Servicio de Adecco, calcula que hay miles de webs. “Muchas de ellas, ni sabía que existían”, dice. Y también considera que esa coyuntura complica el proceso de selección. “Lo que pasa es que a veces los aspirantes llaman a la puerta equivocada. Igual que cuidamos nuestra imagen al acudir a una entrevista de trabajo, debemos cuidarla al publicitar datos personales en una web de empleo. Si no soy azafata, no debería apuntarme en una lista que ofrezca ese trabajo. De lo contrario, eso es lo que me llegará. No vale entregarse al sí a todo y bajo cualquier horario y condición”.

Rius calcula que la cifra de aspirantes en Adecco.es se ha multiplicado en los últimos dos años (“en el 2009, teníamos unos 12.000 candidatos mensuales; ahora superamos los 21.000, e incluso hemos llegado a los 30.000 en algún momento”, cuenta), mientras lanza una reflexión para estas fechas. “Antes, en Navidad, la mayoría de candidatos eran estudiantes tras un dinerillo extra en el ámbito de la distribución o la hostelería. Hoy, en ese colectivo también entran parados de larga duración, hombres y mujeres de cuarenta años…”.

“Al haber cinco millones de desempleados en España, ha proliferado el número de bolsas que ofrecen empleo de forma gratuita –dice Iván Martínez de Yemail, de Synerquia–. Pero, claro, estas bolsas deben financiarse. Y sólo saben hacerlo generando spam, u ofreciendo productos que el aspirante no ha solicitado. Como un curso como técnico de ventas. Y eso, de alguna manera, puede ser útil: si haces el curso, puedes acceder a un trabajo que ahora no está a tu alcance…”. La estrategia, ¿obtiene algún resultado? “Hombre, si el portal cobra cinco euros por cada suscripción al curso, envía la propuesta a un millón de aspirantes y un millar de ellos se apunta, entonces puede sacar 5.000 euros. Visto así, salen los números…”.

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