La ley de la selva

Siempre al acecho, a veces con el cuchillo entre los dientes, pero también con cara de no haber roto un plato. Trazan su trayectoria en línea recta y cualquiera que se interponga es una presa en potencia. Identificarlos es el primer paso para no ser su víctima

Sábado, 4 de Febrero de 2012

J. V.- “O pisas o te pisan”. Ese suele ser su lema. Y claro, ellos y ellas siempre pisan…

I. Q.- Como bien dices, a ellos les sobra la segunda parte del lema y solo saben pisar. Me gustaría, a modo de introducción, decir que los depredadores son seres que suelen cazar para alimentarse; y estos de los que hablamos lo hacen por el puro placer de hacer daño, para meter miedo porque es una manera de hacer acopio de poder. Suelen ser envidiosos de lo que les sobra.

J. V.- Supongo que los hay de varias clases, pero, ¿cuáles son las características que no faltan en un depredador medio?

I. Q.- Hombre, usando un lenguaje civilizado y políticamente correcto, los hay malos, muy malos y malísimos. Algunas de las características que tienen son: cinismo, narcisismo, ambición, maldad, falta de autocrítica y cobardía, porque a diferencia de los animales, que siempre se arriesgan, estos solo suelen jugar a caballo ganador o teniendo las 40 cartas de la baraja. A pesar de todo, no siempre les basta y una baraja de valores de los buenos pueden contrarrestar sus armas.

J. V.- ¿Son conscientes del daño que hacen y aun así, no les importa?

I. Q.- Ya sabes que a los narcisos lo único que les interesa es ver reflejada su belleza en la superficie del agua, por eso hacen lo que sea para que nada les estorbe su autocontemplación. No solo no les importa, sino que disfrutan tanto más cuanto más miedo meten y más malestar generan porque es una manera de amedrentar a otras personas y extender su influencia. Suelen alardear de sus amistades e influencias en público y de los favores que les deben personas importantes con lo que, además de malos, se convierten en indiscretos y pésimos aliados.

J. V.- ¿Actúan igual con todo el mundo? Mi impresión es que tienden a cebarse con los más débiles.

I. Q.- Esto no solo lo hacen los depredadores sino muchas personas. Ellos lo hacen de manera especial, pero la gente, en general, descarga sus malos instintos contra quienes o no se defienden o no tienen posibilidades reales de responder. Esto de la selección natural también funciona en el terreno de las relaciones humanas y los más fuertes atacan a los más débiles.

J. V.- Donde los he visto, he observado que en general no tienen mucha sanción social. Actúan casi en la impunidad.

I. Q.- Desgraciadamente, así es y ya te he dicho antes cuál es mi opinión respecto al por qué, y es que se alían con gente poderosa o con mayorías poderosas y con las que establecen relaciones de interés. Para enfrentarse a unos o a otros hay que ser muy valiente, tener mucha resistencia e inteligencia para medir el momento oportuno de plantarles cara. Otra cosa contra la que se estrellan son los valores, que les dejan descolocados. Como ellos no tienen valores, no hay nada que hacer.

J. V.- Además, no pocas veces consiguen cómplices o secuaces para sus atropellos.

I. Q.- Nunca van solos. O se hacen acompañar o se encargan de recordar de parte de quién van. En el primero de los casos, suele ser gente gregaria, con necesidad de notoriedad y falta de recursos para conseguirla. Aplican aquello de que El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, solo que la sombra no es buena y no es eterna; de algo de esto hablábamos la semana pasada cuando hacíamos referencia a los pelotas. En el caso segundo, a casi todos nos gusta agradar a los demás y hay gente que necesita algo más que agradar; para ello conceden a estos individuos su licencia para nombrarles.

J. V.- ¿Merece la pena el enfrentamiento? Por otra parte, ¿cómo se les paran los pies?

I. Q.- Depende siempre de lo que esté en juego. Si es una partida de mus, ni caso, ellos ganan y son los mejores. No digo nada ya si la partida es de parchís, pero si es algo trascendente el enfrentamiento es un imperativo moral, de esos categóricos; y hay que enfrentarse aunque solo sea para hacer saber a los demás que no meten miedo a todo el mundo. Los pies se les paran con determinación, argumentos y contundencia al exponerlos. No suelen estar acostumbrados a que les planten cara y hacerlo es importante porque eso les quita capacidad de amedrentar a otros. Por supuesto, los métodos siempre sometidos al uso de la razón.

J. V.- Abundando en algo que te mencionaba antes, lo que sí debemos hacer es no mirar hacia otro lado y, desde luego, no reírles las gracias…

I. Q.- Por supuesto, ni una cosa ni otra, y medir cuándo realmente no hay que pasarles alguna porque los combates (democráticos, pero combates) se deben librar cuando hay un asunto trascendente en juego.

J. V.- Por lo que hemos dicho hasta ahora, podría dar la impresión de que todos los depredadores actúan con el cuchillo a la vista. Pero también los hay que, bajo la apariencia de ser incapaces de matar una mosca, las lían pardas en silencio.

I. Q.- Hombre, al final se les conoce en todas partes porque puedes mentir un día a alguien y engañarle, pero mentir todos los días y engañar a todos es una tarea muy ardua. A los últimos que mencionas les conoces cuando les contrarías porque se les nota la ira hasta cuando te responden a un escrito.

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