En compañía de nosotros mismos

¿Mejor solos que mal acompañados? No tiene por qué ser esa la única disyuntiva. La soledad se puede escoger voluntariamente o, cuando es sobrevenida y no querida, hay herramientas para que no resulte tan dolorosa

Imanol Querejeta y Javier Vizcaino – Sábado, 28 de Abril de 2012

La soledad no es necesariamente un drama

J.V.- Asociamos la soledad a algo negativo, casi obligatoriamente triste, pero no tiene por qué ser siempre así, ¿no crees?

I.Q.- Eso pienso yo. La soledad se puede experimentar de muchas maneras y muchas de ellas no son ni tristes ni negativas. Aquella soledad que genera tristeza o nos hace sentir tristes es la que deriva de la ausencia de un ser querido, o de la traición de una persona en la que hemos confiado. Ahí no solo te sientes triste, sino que también decepcionado y desesperanzado. Ese sentimiento puede ir acompañado de una pérdida general de la confianza en quienes nos rodean.

J.V.- Hay quien la elige conscientemente.

I.Q.- También lo creo así. Antes te decía que no siempre es negativo ni triste, y así como me he detenido en ejemplos de lo malo, no lo he hecho con lo bueno y ahora me voy a extender. Buscamos la soledad la mayoría de las veces que tenemos que tomar decisiones importantes, para poder reflexionar y planear nuestra estrategia, o también cuando queremos disfrutar de algo que nos hace felices. Luego lo compartimos, pero es muy gratificante poder contarse a uno mismo en exclusiva ciertos secretos y disfrutar planeando cómo los vamos a contar a los que más queremos.

J.V.- Para muchas personas, sin embargo, es la peor de las pesadillas y son capaces de buscar la compañía que sea con tal de no estar solas.

I.Q.- Ocurre con frecuencia. Hay personas que llegan a someterse y humillarse por no estar solas. Suelen ser personas con un apego ansioso que les hace pensar que cada vez que se quedan solas lo es para siempre. Estas personas suelen sufrir porque es como si llevaran una diana que anuncia su necesidad y en la que dispara más de un desaprensivo que abusa de ellas. Una consecuencia es que se va repitiendo el modelo de relación y, por lo tanto, de error.

J.V.- En cualquier caso, no solo es cuestión de estar rodeado de gente. Hay quien, incluso estando en compañía, se siente solo o sola.

I.Q.- Y lo que es peor, lo está. Todas las personas gregarias, que asienten solo por ser reconocidas por un grupo lo suelen estar. Quien no tiene autonomía y no es capaz, como te decía antes, de poder contarse los secretos a sí mismo y disfrutar de esas confidencias está en la más absoluta de las soledades, la que es consecuencia de negarse a uno mismo. Lo digo siempre: cada uno de nosotros es su mejor tesoro y no se debe renunciar nunca a él.

J.V.- ¿Va por épocas de la vida lo de la necesidad de estar o no acompañado? ¿Tiene más que ver con la forma de ser?

I.Q.- No hay una regla general, pero en la vida se pasan por muchas situaciones diferentes y experimentamos momentos en los que nos sentimos distantes de los demás aunque físicamente los tengamos cerca, es cuando estamos solos de verdad. Al contrario, muchas veces también nos sentimos muy cerca de los demás aunque estemos en la punta de un monte y no nos acompañe nadie físicamente.

J.V.- Hay individuos que, aunque quisieran no estar solos, tienen la capacidad de hacer que los demás huyan de su lado. No saben convivir. Me temo que estamos ante algo con muy mal remedio.

I.Q.- Pues sí. Hay personas que por su actitud -altanera, arrogante, egoísta, quejosa, excesivamente reivindicativa, etc.- generan aburrimiento y pocas ganas de estar con ellas. Yo suelo llamarlas las personas émbolo, porque cuando entran en un recinto por una puerta muchos de los ocupantes salen por la puerta opuesta como si se generase una presión dentro del espacio en el que se encuentran que les hiciese salir.

J.V.- Más allá de las épocas o de la forma de ser, opino que sí es cierto que de tanto en tanto tenemos que buscar un tiempo para quedarnos solos con nosotros mismos. Y también tenemos que dejar la misma posibilidad a quienes conviven con nosotros.

I.Q.- Pues sí, eso creo yo. La reflexión es un ejercicio muy sano que debemos hacer con relativa frecuencia. Los llamados exámenes de conciencia hay que hacerlos en esta situación para que sean lo más limpios y transparentes posibles. Vamos mirándonos fijamente a la cara y haciendo que disminuya la probabilidad de que pase eso que tú sueles decir muchas veces, lo de que No hay que hacerse trampas al solitario.

J.V.- Hablemos de la soledad sobrevenida. Eso que les pasa a las personas mayores cuando los hijos crecen y la otra persona falta. ¿Cómo afrontarla?

I.Q.- Sabiendo que esto va a ocurrir, desde mucho antes que vaya a llegar y no negándolo. Suelo compararlo al miedo a la muerte, que es lo único que tenemos en común todos los seres vivos, y se afronta mejor cuando tienes conciencia de que es algo que está en el camino. Negar lo evidente es un muy mal ejercicio.

J.V.- Entonces, ¿es posible preparar esa fase de la vida antes de que llegue?

I.Q.- Sí, te lo acabo de decir. Se empieza a preparar en el momento en se toma conciencia de su llegada. Cuanto más familiarizado estás ante una idea, menos te va a costar afrontarla cuando se convierta en un hecho.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s