Aprendamos a querernos

Ninguno somos ni el último refresco del desierto ni la piltrafa más despreciable. Debemos aprender a sacar la media entre nuestros defectos y nuestras virtudes para apreciarnos en lo que valemos. Ni más ni menos

Imanol Querejeta y Javier vizcaíno – Sábado, 12 de Mayo de 2012

J. V.- Como dicen de la caridad, la estima bien entendida empieza por uno mismo. Nos tenemos que querer un poco.

I. Q.- Así es. A nadie podemos conocer como a nosotros mismos, de nadie podemos disponer como de nosotros mismos, no podemos influir con nadie más y mejor que con nosotros mismos y, seamos unas veces mejores que otras, somos el bien más preciado que tenemos. Ganemos, perdamos o empatemos, somos nuestro mejor tesoro y debemos saber apreciarlo porque si lo hacemos, no nos esconderemos nunca y siempre estaremos dispuestos a afrontar los retos del día a día. Esto no quiere decir que hay que caer en la autocomplacencia. Hay que saber criticarse y aceptar las críticas como ejercicio imprescindible en nuestro camino por ser cada día mejores personas.

J. V.- Lo importante es regularla en el punto justo. Tenerla demasiado alta es tan malo como tenerla demasiado baja.

I. Q.- Pues sí, aunque a veces es inevitable que se nos vaya la mano y que nos miremos al espejo como personas superiores y otras, como personas que no merecemos casi nada. Una de las fuentes de la autoestima inadecuada es la tendencia que tenemos a compararnos y que, en más ocasiones de las deseadas, los padres aplicamos con nuestros hijos. La comparación es con nosotros mismos en el afán por hacer las cosas mejor. Si lo que hacemos es compararnos con otros, siempre vamos a encontrar algunas personas con habilidades notables y otras que no tienen ninguna y eso nos llevará a cometer el error de sentirnos vanidosos ante los segundos y muy pobres ante los primeros.

J. V.- ¿A través de qué indicadores podemos saber si tenemos la autoestima alta o baja? Empecemos por lo que se padece cuando uno no se quiere lo suficiente.

I. Q.- Pues son varias: la tendencia a no afrontar los problemas y a delegar su solución en otras personas, la búsqueda de hacer lo mínimo, la falta de curiosidad e inquietud por lo nuevo, la pasividad en las relaciones con los demás, buscar hacer las cosas perfectas no por el gusto de hacerlo bien sino por el miedo a equivocarse, o, para no hacer la lista interminable, la falta de objetivos…

J. V.- Veamos la otra cara. ¿Qué factores nos hacen pensar que estamos en un punto adecuado de autoestima?

I. Q.- Pues los inversos. Quienes hacen las cosas bien por la satisfacción que da terminar un buen trabajo, la curiosidad y la búsqueda de los retos, disfrutan de cualquier cosa que les da la vida, se relacionan de forma proactiva (con iniciativa) y asertiva (expresando lo que se siente y piensa con respeto), y son capaces de vivir los problemas como obstáculos a superar.

J. V.- ¿Es algo constante? Muchas veces escuchamos: “Estoy en una época de baja autoestima”.

I. Q.- Hombre, la autoestima tiene mucho que ver con el humor, depende de él y al mismo tiempo lo influye. Cuando estamos deprimidos nos sentimos mal, con escasa utilidad e inmerecedores de cualquier cosa que nos dé la vida. Por ello se asumen menos responsabilidades y nos escondemos más, pero a veces estamos adaptándonos a algún cambio (de trabajo, de actividad, de vivienda, etc.) y nos salen mal algunas cosas seguidas y dudamos de la idoneidad de nuestras decisiones y de nuestras capacidades. El primer caso, el de la depresión, dura lo que dura la enfermedad y el segundo es transitorio.

J. V.- Estamos hablando de algo que se ha ido desarrollando desde los años más tiernos. Supongo que eso hace que a la edad adulta sea más difícil de modular.

I. Q.- En parte sí, pero como hemos dicho muchas veces a lo largo de los años que llevamos extendiendo estos temas primero por las ondas y ahora en el papel, todo es susceptible de mejorar si lo estudiamos, identificamos lo que hay que trabajar, conocemos nuestras aptitudes y las aplicamos con prudencia pero sin miedo, con decisión. Hay personas que temen tomar decisiones por miedo a cometer errores y muchas veces el peor error es no hacer nada.

J. V.- Seguro que hay decenas de cosas que se pueden hacer para mejorar la propia estima. Nos basta, sin embargo, con que nos des tres o cuatro claves.

I. Q.- Te voy a dar las más importantes. La primera es ser asertivo, es decir, hacer críticas sobre lo que hacen los demás y aceptar las críticas hacia lo que hacemos, sin personalizar. Luego, tener objetivos y que estén bien dispuestos, ni muy fáciles porque se pierde la motivación, ni muy difíciles porque se pierde el interés a costa de no llegar casi nunca. Ser conscientes de quiénes somos; tenemos que ser conscientes de que en multitud de ocasiones, aunque nosotros queramos que las cosas surjan de una determinada manera, esto no tiene por qué ser así. La realidad puede ser distinta a nuestros deseos y tenemos que ser conscientes de ello. Es importante que nos aceptemos con nuestros defectos y con nuestras virtudes, eso es una persona. Si no somos capaces de hacer una crítica constructiva de los errores que como personas vamos a cometer en cualquier aspecto de nuestra vida, no seremos capaces de aprender. Tenemos que ser tolerantes con nosotros mismos. Si no tengo desarrollada la habilidad de hablar solo delante de muchas personas, eso no quiere decir que no sea agradable y sociable. No olvidemos ser responsables de lo que hacemos y no echar la culpa de nuestros malos resultados a los demás. Y por supuesto, ser íntegros y coherentes.

J. V.- ¿Y para los que van sobrados de estima? ¿Hay algo que puedan hacer para llevarla a su nivel adecuado?

I. Q.- Entender que si son muy buenos, eso les debe de dar más responsabilidades que prebendas, porque nada es para siempre y si hoy van sobrados puede que en un futuro no muy lejano esto cambie, entonces se darán cuenta de que se recoge lo que se siembra.

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