Avanzar, no trepar

Con falta de ambición no damos un paso; con exceso de ella, nos estrellamos después de haberlo asolado todo a nuestro paso. De nuevo, el secreto está en no excederse y no quedarse cortos. Y sobre todo, en competir contra nosotros mismos, no contra los demás

Sábado, 19 de Mayo de 2012 – Imanol Querejeta y Javier vizcaíno

J.V.- El otro día, hablando de la autoestima, decíamos que había que modularla. Con la ambición debemos actuar igual para no situarnos en los dos extremos: la falta total de iniciativa o el ansia desmedida por trepar.

I.Q.- Así lo creo yo. Hay una ambición sana, como la envidia esa que consiste en desear lo que tiene tu vecino pero sin quitárselo. Esa ambición sana es fruto de la competición contra las propias dificultades, las propias carencias y contra los imponderables, ¡no contra otras personas! Es de lo más lícito ambicionar hacer las cosas bien, y luego mejorarlas, o lo mejor para los nuestros pero yendo siempre de frente y con honestidad (también hablábamos de esto en la sección de la autoestima).

J.V.- Aunque muchas veces la vemos solo en sentido negativo, tener unas gotas de ambición no es malo, ¿no?

I.Q.- No, te lo acabo de decir. Sin esa sana ambición es muy probable que los objetivos que nos marquemos sean tan fáciles de conseguir que nos aburramos de los mismos muy rápidamente. La ambición es un motor de la motivación y sin ella nos quedamos un poquito más atrás de lo que podemos. Esa sana ambición es imprescindible para superarnos.

J.V.- ¿Cómo son las personas que renuncian a esas ambiciones mínimas y, simplemente, se dejan llevar?

I.Q.- Pues seguidistas, complacientes, sumisos y muy fáciles de gobernar. Es una pena porque suelen renunciar a demasiadas cosas de su patria interior como para progresar en el conocimiento, en la participación y en el crecimiento, tanto propio como del entorno que está vinculado con ellos.

J.V.- ¿Son casos perdidos? ¿Hay algo que se puede hacer para sacarlos de su apatía, de su miedo o de su comodidad?

I.Q.- Ya sabes que no se debe generalizar. Hay quien dice aquello de yo voy a lo mío y no me expongo, que se mojen otros, y al hacerlo ignoran que a ellos más que mojarles, les van a hundir pero por omisión. Hemos dicho más de una vez que en la vida nos pueden tocar muchas adversidades y que sean cuales sean, se afrontan mejor si se lucha. Unas veces se gana y otras se pierde, pero hay que implicarse porque esta forma de vida de la que disfrutamos ahora no creo que la repitamos.

J.V.- Vayamos con los otros, los que tienen tanta ambición que no se paran en barras a la hora de conseguir lo que se propongan. Mejor quitarse de su camino, porque si no, te arrollan.

I.Q.- En términos generales, no rotundo. En términos particulares, hay personas ambiciosas con miras nobles a las que lo que apetece es ayudar y facilitar su tarea. Estas personas nunca jamás pasan por encima de nadie ni le arrollan, y basan el desarrollo de su ambición en el respeto a las personas; no hay buen ambicioso que agote sus cartuchos en una sesión y los que arrollan se quedan rápidamente sin seguidores ni defensores.

J.V.- ¿Por qué parece que nunca tienen suficiente? ¿Son unos eternos insatisfechos?

I.Q.- Los insanamente ambiciosos son auténticos insatisfechos, verdaderos frustrados de la vida, de las profesiones y de las relaciones humanas, que tienen que compensar su falta de carisma, su falta de prestigio y su falta de conocimiento pisando a los demás siempre apoyados por personas poderosas. Es curioso cómo este tipo de individuo es servil con los que tienen poder y un tirano con los que están debajo. Ignoran que más tarde o más temprano dejarán de ser útiles.

J.V.- ¿Contra quién es su carrera? ¿Compiten para superarse a sí mismos o buscan ganar a los demás, sean quienes sean?

I.Q.- Buscan el protagonismo que no pueden conseguir por su bajo perfil, por su falta de prestigio. Como no pueden conseguir el respeto de los demás, se alían con quien sea para conseguir su miedo.

J.V.- Cuando te decía que no se paran en barras, me refería a que, con tal de alcanzar su meta, son capaces de renunciar a cualquier otra faceta de su vida, incluidos los amigos y la familia. Será tarde cuando se den cuenta de que están solos.

I.Q.- Tienen tanta falta de empatía y son tan fríos que no sienten la soledad. Además, como manejan tan bien la genuflexión ante el poderoso, son los que hoy son técnicos y lo saben todo en calidad y mañana son técnicos y lo saben todo de cantidad; hoy llevan tal chaqueta y mañana su forro. Son los típicos que te pueden enviar un correo electrónico relacionado con el trabajo el día 1 de enero a las 8 de la mañana. Son tan conscientes de que no les quiere nadie que te obligan a acordarte de ellos por lo que te hacen sufrir con el mayor descaro del mundo.

J.V.- Te preguntaba antes si los de ambición cero son casos perdidos. ¿Lo son los de ambición infinita? Uno de estos personajes me confesó en un momento de debilidad que, aunque quisiera volver al punto de partida, su camino no tenía marcha atrás.

I.Q.- Así es, generan demasiada animadversión y se granjean demasiados enemigos irreconciliables como para volver la vista atrás. Todos nos distanciamos de personas que nos han sido próximas y la perspectiva que da el tiempo nos ayuda a ver las cosas de otra manera hasta el punto de que con muchos recuperamos una relación cordial y con otros una tolerancia; pero estas personas siembran tanta sal a su paso que al final agotan todo el terreno y ni el perdón ni el olvido tienen cabida.

J.V.- Una reflexión: en general, este tipo de personas no tienen gran sanción social. Al contrario, nos los venden como grandes triunfadores.

I.Q.- Entre los ignorantes así suele ser. Yo pediría que cada lector hiciese el ejercicio de pensar cuántas de estas lumbreras han ocupado las páginas de los periódicos por sus grandísimas habilidades y ahora son portada por su responsabilidad en la grave situación por la que atravesamos. A todas estas personas se las reconoce porque se atreven a decir a los que saben de verdad lo que tienen que hacer.

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2 comentarios sobre “Avanzar, no trepar

  1. Existamos para brillar mejorando nuestra autoestima y seamos líderes de nuestras vidas. Luchemos por nuestros sueños SÍ, pero no nos molestemos ni por un momento en intentar cambiar a quien no quiere cambiar. Tenemos la capacidad de empoderarnos y superarnos a nosotros mismos. El enfoque adecuado está en prestar atención a nuestro interior, automotivarnos y crecer para alcanzar nuestro máximo potencial.

    Saludos desde http://www.manuelmatalifecoach.wordpress.com

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