Con perdón

El perdón es personal e intransferible, tanto cuando se pide como cuando se concede. No hay que confundirlo con el olvido ni con un cheque en blanco para volver a afrentar a quien nos lo ha otorgado

Imanol Querejeta y Javier vizcaíno – Sábado, 16 de Junio de 2012

J.V.- ¿Qué queremos obtener cuando pedimos perdón?

I.Q.- Recuperar la paz que hemos perdido en algún momento. Puede ser porque hemos agraviado a otros, porque hemos olvidado algo importante que ha tenido consecuencias, porque hemos sido injustos, etc.. Que te concedan el perdón pone fin a una tortura que padece la gente de bien que cree que ha obrado equivocadamente provocando un daño.

J.V.- Te repito la pregunta anterior, pero invirtiendo los papeles: ¿Qué concedemos cuando perdonamos?

I.Q.- Concedemos afecto (no necesariamente cariño, que es algo que está un par de peldaños más arriba), regalamos generosidad, concedemos una segunda oportunidad y con todo ello, la paz que ha perdido el que comete un error y perjudica a otros.

J.V.- ¿Todo es perdonable? ¿Se puede dar el mismo tratamiento a algo hecho involuntariamente o sin verdaderas ganas de hacer daño que a algo hecho a conciencia?

I.Q.- La respuesta a si todo es perdonable es como la respuesta a la pregunta de si algo es posible: todo es posible y todo es perdonable, siempre y cuando se confiese el error, se pida el perdón directamente y con humildad, se asegure que lo que ha ocurrido no se va a volver a producir y se cumpla la penitencia que nos ponen. Con esas cuatro condiciones previas todo es perdonable. Respecto a la segunda pregunta, la generosidad es algo personal e intransferible, pero personalmente yo no puedo considerar igual un error que una negligencia y tampoco una negligencia dada en un momento puntual con una negligencia reiterada.

J.V.- ¿Qué hago ante quien me pide perdón por quinta vez y por la misma afrenta que en las cuatro ocasiones anteriores?

I.Q.- Pues a mí me sobrarían tres situaciones de esas porque a la segunda ya el personaje en cuestión habría perdido todo su crédito. La semana pasada decía que el crédito es una cosa que se pierde una vez en la vida y no me contradigo: cuando se pide perdón creo que ha lugar una segunda oportunidad; ya más veces no ha a lugar nada.

J.V.- No es la primera vez que te pregunto esto, pero creo que merece la pena que vuelva a hacerlo: ¿Perdón significa olvido?

I.Q.- Creo que nunca se puede olvidar un daño. Hay quien dice que todo queda olvidado y eso creo que no es posible. A partir de los agravios, nada es igual y hay que empezar de nuevo, puede hasta que las cosas sean mejores porque ejercer la humildad, algo imprescindible en los actos de perdonar y pedir perdón, siempre nos ayuda a crecer.

J.V.- Hay quien dice que el verdadero perdón es el que no pone condiciones al perdonado. Yo, que soy más realista, opino que, como poco, hay que pedir a cambio que no se vuelva a repetir. ¿Cómo lo ves tú?

I.Q.- Ya te he dicho que creo que el propósito de la enmienda debe ser del que comete un error. Lo de no poner condiciones me parece que suena muy bien pero que es irreal y, en mi opinión, desaconsejable, porque sienta un precedente de consentimiento que facilita la repetición de un agravio.

J.V.- También hay quien necesita igualar la cuenta de agravios. Me haces una faena, te la devuelvo, y ahora que estamos empatados, nos perdonamos mutuamente. No se trata de eso, ¿no?

I.Q.- No. De eso ya hablábamos la semana pasada. Creo que no se puede responder a una injusticia con otra. En todos los ámbitos de la vida aquello de que un clavo saca a otro clavo no es verdad (además de que hay más medios para sacar un clavo aparte de utilizar otro). La buena fe es imprescindible en la ejecución del perdón y esta virtud se pelea con la venganza.

J.V.- Existen personas que lo perdonan todo y las veces que haga falta. Otras, sin embargo, no pasan una. ¿Qué las diferencia?

I.Q.- Pues eso es difícil de responder porque cada persona es un mundo y no te podría hablar en términos generales, pero a mí me parece claro que las diferencia la tolerancia al dolor que generan los agravios, la transigencia con el cumplimiento de las normas y el apego a la persona que te ofende. En este sentido, hay gente tan dependiente que pasa por cualquier cosa con tal de no sentirse abandonado.

J.V.- No debería ser así, pero a veces cuesta más perdonar a quienes más queremos… precisamente, porque también tienen la facultad de hacernos un daño mayor con sus actos.

I.Q.- Sí, cuanta más calidad le concedemos a la persona que tenemos enfrente más esperamos de ella y los agravios son como las caídas, cuanto más arriba estés mayor es el impacto. Por otro lado, e independientemente del cariño y de lo que se espere, al convivir se comparte más tiempo y en ese contexto se dan pequeñas afrentas diarias que se acumulan y se multiplican en un momento concreto dando lugar a un estallido. También existe ese viejo dicho de que donde hay confianza da asco que hay gente que se cree y ejerce a pies juntillas. Pero donde hay confianza eso no debería de darse porque el tener la confianza de otras personas nos da unos derechos, pero también unos deberes y el respeto es un deber ineludible.

J.V.- ¿Una relación vuelve a ser la misma después de una ofensa o una actuación incorrecta, aunque hayan sido perdonadas?

I.Q.- Ya te contestaba anteriormente que no. De la misma manera que una persona no es la misma si una persona o familiar próximo desaparecen. Las afrentas son como las cicatrices, que las puedes maquillar o tapar con un collar, una pulsera, un guante, etc., pero la cicatriz ahí queda.

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