“No estoy ni en Facebook ni en Twitter, cuido mi individualidad”

El científico estadounidense, nacido en India, aborda las cuestiones éticas asociadas a la ciencia y a la tecnología

 
Alicia Rivera – Madrid 19 JUN 2012
 

Sandip Tiwari nació en India, y mantiene estrechos contactos con su país de origen, aunque ahora es estadounidense, ingeniero electrónico y experto en nanotecnología. A sus 57 años, este profesor de la Universidad de Cornell, con toda una carrera de éxito como investigador en EE UU, se interesa también por las implicaciones sociales y éticas de la ciencia y la tecnología. Es contundente y crítico, por ejemplo, en su opinión sobre algunos fenómenos de la conectividad global y sus efectos: “No estoy en Facebook ni en Twitter, me preocupa mucho mi individualidad y mi privacidad”.

De las implicaciones éticas de la ciencia y la tecnología, de los riesgos derivados, ha hablado Tiwari en el foro Open Mind 2012, organizado por el BBVA en Madrid.

Pregunta. ¿Hay riesgos para la sociedad en la nanotecnología?

Respuesta. Hay riesgo en todo. Todo lo que hacemos en ciencia, tecnología e ingeniería puede ser utilizado para hacer cosas positivas, pero también cosas negativas. Por ejemplo, el proyecto Manhattan, cuando se hizo la bomba atómica, vino de la comprensión profunda del núcleo atómico, de la mecánica cuántica, un conocimiento que fue una de las grandes conquistas del siglo pasado. Pero yo no creo en absoluto que hacer la bomba fuera una buena cosa. Todavía estamos sufriendo sus efectos.

En cuanto a la nanotecnología, tiene los riesgos generales. Por ejemplo, hay peligro cuando se lleva demasiado lejos el desarrollo tecnológico, hasta el punto de que las personas ya no son necesarias. Lo vemos constantemente y hay gente que se adapta y tiene éxito con un entorno nuevo, pero otra no, y se queda atrás. Como la nanociencia abarca todo, tanto al mundo físico como biológico, tiene efecto general y es muy difícil predecir qué supondrá. Es la sociedad la que debe tomar las decisiones sobre el uso de la tecnología.

P. ¿Convivimos ya con la nanotecnología?

R. La palabra se ha empezado a usar porque en los últimos 10 o 15 años hemos logrado tener las herramientas y las técnicas para ver y manipular las cosas a nanoescala, a nivel molecular, al nivel en que se unen los átomos, en el mundo físico y en el biológico. Los transistores que llevan dentro los ordenadores avanzados actuales tienen dimensiones de 20 a 30 nanómetros, así que es nanoescala. Hay muchos ejemplos: la secuenciación del ADN, algunos nuevos medicamentos o los materiales ligeros y resistentes de las turbinas eólicas… Sí, con pequeños pasos la nanotecnología ha llegado a nosotros ya, pero está aún en su infancia, en sus inicios.

P. ¿A medida que avanzan la ciencia y la tecnología, se hace más inaccesible ese conocimiento para la sociedad?

R. Por supuesto. La brecha entre el hombre de la calle y el conocimiento de cómo funcionan las cosas es cada vez mayor. Pero no solo para la gente de la calle. ¿Cuántos científicos e ingenieros hay en España? Probablemente, ni la mitad de ellos comprenden muchos desarrollos, aunque sepan mucho de su especialidad concreta.

P. ¿Plantea problemas esa distancia creciente? Pongamos el ejemplo de Internet y sus aplicaciones, utilizadas masivamente por muchos millones de personas que, tal vez, no comprendan muy bien cómo funcionan.

R. En esto hay un riesgo, un daño, clarísimo. Soy un defensor a ultranza de la privacidad. No estoy en Facebook ni en Twitter y tengo mucho cuidado a la hora de dar mis datos. El mayor problema que hay tras estas tecnologías de la comunicación y las redes sociales es que la gente pierde su individualidad. Es algo muy serio. El acceso masivo a la información hace que los jóvenes sean capaces de hacer varias cosas a la vez, pero está desapareciendo en ellos la capacidad de concentrarse en algo durante un tiempo. Me pregunto cuántos matemáticos van a surgir en Occidente en el futuro, porque la gente joven no está aprendiendo a volcarse en un problema durante ocho horas, y las matemáticas lo exigen.

P. Es diferente leer un libro.

R. Exacto. La tecnología mejora unas cosas y empeora otras. El acceso masivo a la información es muy saludable, pongamos, para el 10% de la población que, de otra manera, no lo tendría; entorpece a la gente intermedia y no afecta a otro 10%, que son las personas con individualidad.

P. ¿Se platean los científicos y los tecnólogos las implicaciones éticas y sociales de sus descubrimientos y avances?

R. No suficientemente, aunque depende mucho de la educación y la cultura de cada país, de cada comunidad. En Alemania, por ejemplo, creo que los investigadores son mucho más conscientes de estos aspectos de sostenibilidad derivados de su trabajo. En India hay mucha sensibilidad sobre el efecto de la tecnología, por ejemplo, en la pobreza, pero luego se hace muy poco al respecto.

P. India se está desarrollando muy deprisa.

R. A menudo, se pinta India como si fuera el próximo país que va a emerger, pero es muy difícil, porque es muy pobre. Son 700 millones de personas y la gente vive con uno o dos euros al día. Los niños no reciben educación, el 30% están malnutridos. No puedes hacer mucho con este panorama. India puede competir en cualquier cosa porque es un país grande, con recursos y gente muy brillante, pero tiene problemas serios a una escala tan grande que es difícil de afrontar.

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