Una selección redonda

Lo verdaderamente difícil no es ganar, sino volver a ganar, cumplir con los pronósticos y sumar victorias

Ernesto Valverde 2 JUL 2012

Decía Valero Rivera, el seleccionador español de balonmano, que lo verdaderamente difícil no es ganar, sino volver a ganar. Al fin y al cabo, siempre tienes la oportunidad de encontrarte un título de vez en cuando, pero lo realmente difícil es cumplir con los pronósticos una y otra vez y sumar victorias sin parar. Eso solo se consigue con un enorme espíritu competitivo, con una ausencia absoluta de autocomplacencia y, evidentemente, con mucho talento.

Seguramente, tanto Vicente del Bosque como los jugadores han tenido que sudar lo suyo para llegar a la final de la Eurocopa. Pero, mirando desde lejos, parece que desde ayer España se ha dejado llevar por la inercia del campeón. La verdad es que no ha necesitado demasiados alardes, pero algo distinto es disputar una final. Eso es otro mundo. Y la selección volvió a demostrar que no hay otro equipo en todo el planeta que pueda jugar de forma tan redonda y durante tanto tiempo como ella.

El partido se explicó desde el primer dibujo de los equipos. Italia jugaba con dos delanteros natos y España con ninguno. Piqué y Ramos se encargaban de Balotelli y Cassano mientras a los defensas italianos les faltaban referencias claras.

En España, tanto Silva como Cesc e Iniesta se descolgaban al centro del campo generando una absoluta superioridad en el control y el manejo del balón.

España casi siempre tuvo esa superioridad que le permitía establecer su fútbol mientras Italia padecía el hecho de que Cassano y Balotelli no ayudaban en la tarea defensiva y solo vivían de las posibles pérdidas del balón por parte de España, algo que casi no se produjo, salvo tras el gol de Silva, entre el minuto 20 y el 35, cuando pareció que el equipo de Prandelli le robaba la pelota, es decir, le provocaba el peor de los sufrimientos. De hecho, en varias ocasiones se crearon duelos de dos contra dos con los delanteros italianos frente a los centrales españoles, Piqué y Ramos.

En general, Italia no tenía gente suficiente en el centro del campo para parar a los muchos futbolistas de España que jugaban por dentro. Otra cosa es el debate de posiciones. El hecho de jugar sin nueve, de jugar por dentro, no evita las apariciones por el exterior. De hecho, por ahí rompió Cesc en el primer gol y Jordi Alba resultó portentoso en sus arrancadas por la izquierda. La aportación del lateral izquierdo fue descomunal. El gol que consiguió fue un acto de justicia con su calidad, con su talento y con su esfuerzo. Probablemente, todo el mundo celebró que el marcador le hiciera un guiño. Fue la novedad de la Eurocopa y sale como una realidad contrastada, con un gol magnífico y un ejercicio físico y técnico maravilloso.

Italia fue otra cosa. No funcionó con su actitud agradecida de dos delanteros. Di Natale, cuando salió, creó más peligro que sus dos compañero juntos y se convirtió en el elemento más peligroso. Pero España había sacado ya su gen competitivo al mismo tiempo que su talento. Cuando ambos se funden y se asocian en el partido, es difícilmente batible. Quizás fue un resultado exagerado y castigó en exceso a Italia. Pero la diferencia fue total. Es difícil parar a esta selección.

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