Scarlett y el pubis

VICENTE VERDÚ 17/09/2011

¿Le han robado las fotos de desnudos a Scarlett Johansson o se las ha hecho ella y su marketing robar expresamente? O en todo caso, ¿en qué cabeza cabe que en la ducha o en el tocador se haga ella a sí misma fotos en cueros y las guarde después en un móvil que se mueve por todas partes?

La mirada del cuerpo a pelo vale menos que el fisgoneo promiscuo por los objetos de alrededor

Pero, a lo mejor, podría ser. Podría aceptarse que padeciera esa manía. El narcisismo es mistérico. Pero, además, las actrices o los ronaldos tienden a sentirse iconos para sí mismos y acostumbran a ser tan atrabiliarios como desorbitados.

Si hay algo, sin embargo, que hoy ocurre con los medios de comunicación audiovisual es que han hecho pasar de lo privado a lo público y del pudor a la exhibición con la proliferación creciente de las webcams. Como consecuencia, ya no es tanto el desnudo del cuerpo de la actriz o el ídolo lo más vistoso, sino el desnudo del medio interior, la arquitectura interior, donde se desnuda y yace.

La intimidad de una casa o de un dormitorio, la intimidad de un cuarto de baño o una cama deshecha puede ser una oferta sexual mucho mayor que un cuerpo sucinto, un cuerpo sin ropa y aislado del escenario natural donde se gesta.

O bien, el domicilio o la habitación, los objetos, los muebles y los espejos que forman el entorno del desvestido neto poseen un plus de excitación informativa. La gran atracción pues de las llamadas sexcams, en constante ascenso entre los usuarios de la Red, se apoya por tanto menos en la coqueta anatomía del personaje que en su figura más la especial decoración alrededor.

No se penetra el cuerpo sucinto, sino encuadrado. La mirada del cuerpo a pelo vale menos que el promiscuo fisgoneo por los objetos asociados de alrededor. Los cuerpos se parecen demasiado entre sí, pliegue arriba, pliegue abajo, pero los hogares necesariamente son mucho menos iguales, están plagados de sorpresas y, a la fuerza, poseen más signos y frunces por desbrozar y juguetear con ellos.

De otra parte, el contacto sexual entre los cuerpos ha ido perdiendo cotización. A mayor facilidad de los encuentros eróticos, menor valor de sus logros en las escalas de apreciación social. El sexo siempre es muy divertido individualmente pero se halla cada vez menos retribuido.

La superación del cuerpo enteco por la franquicia del hábitat entero, la expansión del morbo del desnudo hasta el morbo de la alcoba viene a ser hoy la materia prima presentada por las mejores sexcams.

La pequeña cámara enseña un fondo complejo impregnado del primer plano del amo. Enseña el trasfondo de su condición y cambia la pobre experiencia de observar una parcela de carne humana, sea el pubis o no, por la interesante visión del lugar donde esa carne duerme, se acicala, tose o acaso se suicida.

El sexo óptico adquiere así una penetración en la intimidad no sobre el cuerpo sin más, sino sobre el cuerpo con su guarnición y de la guarnición adherida como pieza de un cuerpo mayor, más diferencial e interesante.

Sin ser iguales, todos somos muy parecidos desnudos, pero los hogares, sin ser iguales, son mucho más desiguales que la desnudez. Ver a alguien en cueros resulta al cabo mucho menos que escudriñar en los pormenores de su guarida.

La casa, la alcoba, la ducha expuesta al otro, procura un plus al eventual disfrute sexual del otro, mucho mayor que el que propicia el fotomatón.

El tiempo que hoy somos capaces de prestar atención a un cuadro, una noticia o una foto se ha reducido una quinta parte en unos 20 años, de modo que si existe goce efectivo es semejante al fogonazo de un flash. El simple cuerpo desnudo es al coche eléctrico como su silencio al deleite sin contaminación.

Por el contrario, una alcoba, un cuarto de baño, un vestidor en donde el desnudo se expone cadenciosamente vuelve a ser la escena de una buena cetrería para la que se requiere mayor habilidad, finura y educación.

Scarlett Johansson o cualquiera otra de su mismo estatus no pueden ya conformarse con ofrecer al voyeur contemporáneo el aburrido top-less de siempre o la insignificante morfología de su sexo, sino algún lote escénico más por donde se pasea, se adormece, piensa, se depila. Es decir, el repertorio casi completo de todo aquello que forma parte de la comunicación, limpia o sucia, dulce o acre, en el multipolar universo del deseo y el sexo.

Anuncios

¿Qué nos dice el espejo?

JENNY MOIX 19/06/2011

¿Qué imagen nos devuelve? Seamos comprensivos con nosotros mismos. Valoremos el conjunto para evitar obsesionarnos. Y, por favor, siempre una sonrisa.

Llegaba tarde al instituto, pero eso a Montse no le impedía realizar su torturante ritual matutino: báscula y espejo. Mientras escudriñaba su imagen desnuda en aquel espejo enorme, se iba palpando todos sus michelines, sobre todo los de la barriga y los muslos. Esos cúmulos de grasa significaban sólidas barreras entre ella y la felicidad. Su madre entró en la habitación cuando ya le empezaban a caer las lágrimas. Y también lloró. Contemplar a su hija, un auténtico esqueleto, sufrir por unos michelines creados por su cabeza le estrujaba el corazón.

Las personas que sufren anorexia no son las únicas que distorsionan la imagen que les devuelve el espejo; a las que padecen trastorno dismórfico corporal (TDC) les ocurre algo parecido. Se preocupan por defectos mínimos o imaginarios sobre todo de su rostro. Su angustia es tal que necesitan un tiempo infinito ante el espejo para arreglarse, tanto que puede resultar paralizante.

Las patologías suelen ser la versión exagerada de lo que nos sucede al resto. Por ello, a otro nivel, siempre nos podemos sentir en algún punto identificados. A menudo, con nuestra imagen somos muchísimo más exigentes nosotros que los demás. Cuando nos encontramos un amigo que hace años que no vemos, una frase bastante típica es: “¡Pero si estás igual!”. Y la respuesta suele ser: “¿Igual? ¡Pero qué dices!”.

Este desencaje entre una visión y otra se debe a que una es una visión detallada y la otra una mirada global. Al mirarnos en el espejo, nuestros ojos son mucho más analíticos: la arruguita, las ojeras, el grano…En cambio, el que nos mira capta más la esencia, lo global.

De hecho, los humanos somos muy buenos y muy rápidos identificando rostros (ya querrían los ordenadores conseguir nuestra pericia) y justamente lo somos porque no nos paramos a escudriñar cada detalle, sino que obtenemos una visión general.

Hablando con mi madre de los espejos, me comentaba que cuando se arregla las cejas coge un espejo de aumento y sale al patio donde hay muchísima luz: “Me veo horrible, tantas arrugas” . Por eso cuando acaba, siempre va a mirarse a su espejo del cuarto de baño, “allí me miro y me veo mucho mejor y ya me quedo más tranquila”. Con este simple comportamiento cotidiano me regaló un claro ejemplo de la diferencia entre la visión global y la pormenorizada. Dijéramos que para ella la impresión general que le devuelve su espejo es una terapia necesaria después de pasar por la imagen detallada del espejo de aumento. No dejemos que nuestros ojos se conviertan en una especie de espejo de aumento.

Me gustó oír a una amiga mía comentarme: “Yo cuando me arreglo intento mirarme en general; luego me digo: pues no estoy mal, y me marcho tan contenta”. Teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros compartimos el ritual matinal del espejo, si ese ratito todos lo viviéramos con un tono más animoso, ¡ sumaríamos muchas ondas positivas !

Si nos analizamos desde fuera, los humanos somos realmente graciosos. Por lo general, antes de marcharnos de casa nos arreglamos el pelo, nos alisamos la camisa, nos lanzamos una última mirada en el espejo y esa es la imagen que nos llevamos. Cuando en realidad al poco rato ya solemos estar despeinados, arrugados…, pero eso da igual si la imagen que conservamos es la del espejo.

Cuando estamos ante el espejo, solemos adoptar posturas para vernos mejor. Como ponernos erguidos, esconder la barriga, sacar pecho… Algunas personas ponen “cara de espejo”. Esto es, una cara que solo la ponen ante el espejo.

El fenómeno del espejo es curioso. Algunas personas pueden practicar ante él una declaración de amor. Otras lo pueden utilizar para aumentar la excitación sexual cuando están con su pareja. El espejo tiene múltiples utilidades. Una abogada me contaba que ella se sacó la carrera de Derecho gracias al espejo. En su habitación, su mesa de estudio era un antiguo tocador de su madre. Así, cuando levantaba la cabeza del libro se veía y se preguntaba la lección a sí misma. Cuando su madre decidió modernizarle la habitación, le sacó el tocador y ella no podía estudiar. Obviamente, colocó otro.

La identidad

“Los espejos, antes de darnos la imagen que reproducen, deberían reflexionar un poco” (Jean Cocteau)

Si nos ponemos ante un espejo y nos miramos fijamente a los ojos durante un rato pensando intensamente que somos el que nos está mirando al otro lado, podemos experimentar un vértigo de identidad.

Los humanos somos de los pocos seres vivos que nos identificamos a nosotros mismos. Los científicos que estudian qué animales tienen esta conciencia utilizan el “test del espejo” desarrollado por Gordon Gallup Jr. en 1970 y que consiste en poner al animal frente al espejo con alguna mancha en el cuerpo. Si se explora tocándola o moviéndose para verla mejor, es señal de que se identifica a sí mismo y no cree que el que se mueve en el espejo sea otro. La prueba ha sido pasada por chimpancés, gorilas, orangutanes, delfínidos, elefantes, macacos de Rhesus, monos capuchinos, urracas y parece que también por las palomas. En el caso de los humanos, no nos identificamos hasta alrededor de los dos años.

En general, no sabemos lo afortunados que somos porque no valoramos cosas que nos parecen obvias. Una de ellas es reconocernos ante el espejo. ¿Qué pasaría si nos colocáramos frente a él y no supiéramos quién nos está mirando al otro lado? Pues una angustia descomunal. Y eso puede suceder. Existen personas que por un accidente u otra causa pierden su memoria a corto plazo; van viviendo, pero no se acuerdan de lo que les ha pasado hace cinco minutos. No retienen.

Muchas personas que padecen trastorno de personalidad describen la transición de una personalidad a otra como algo muy angustioso, pues se miran al espejo y lo que ven ahí es una persona completamente extraña a su ser. O imaginemos el caso de personas que han pasado por cirugía estética y luego no se reconocen cuando se miran. Algunas acaban suicidándose. Y nosotros preocupándonos por la arruguita o el michelín.

“Espejito, espejito, di: ¿Quién es la más bella de todas las mujeres?”

(la bruja de Cenicienta)

Es de noche, estamos solos en casa y acabamos de ver una película de terror. En esta situación, a muchas personas no les resulta muy atractiva la idea de colocarse ante un espejo, por lo que pueda pasar… En el inconsciente colectivo, el espejo se convierte en una especie de puerta a otra dimensión, al mundo de lo sobrenatural. En algunas personas, esta sensación es tan acuciante que padecen catoptrofobia o eisoptrofobia (fobia a los espejos). Esta fobia puede tener dos raíces, una de ellas es el miedo al espejo por su simbolismo misterioso; en otros casos, la ansiedad viene provocada simplemente porque el individuo no acepta su propia imagen.

Se cree que los siete años de mala suerte que se le atribuyen a alguien cuando rompe un espejo es porque ha roto algo más que un simple objeto; ha roto un alma. Según muchas creencias, en los espejos quedan atrapadas las almas. Los que parten de esta convicción aconsejan no tener espejos ante una persona moribunda para que su espíritu no quede recluido en él. Y algunos expertos en Feng Shui advierten de la peligrosidad de los espejos antiguos por las vibraciones que puedan haber captado y desaconsejan tenerlos en casa.

Lo mejor que podemos hacer ante el espejo es sonreír. De esta forma podremos comprobar que afortunadamente la persona que se encuentra al otro lado es agradable y simpática. Siempre nos devuelve la sonrisa.