¿Aunque duela?

Es una de las grandes palabras del diccionario; de esas que sirven para construir frases redondas que, paradójicamente, pueden ser falsas. Es muy difícil llegar a la verdad de la verdad. Aun así, lo intentaremos en las próximas líneas

Sábado, 26 de Mayo de 2012 – Imanol Querejeta y Javier vizcaíno

J.V.- La verdad, aunque duela. ¿Es necesario seguir a rajatabla y sin excepciones esta máxima?

I.Q.- Hombre, a rajatabla y sin excepciones… yo opino que no. La verdad es necesaria y para que sea útil, algo fundamental, debe ser expresada en su justo momento y de la manera correcta. Si no es útil, mejor no expresarla porque va a dañar a la persona o personas a las que se la digamos y si la vamos a expresar sin tacto y sin respeto, pues también es mejor no decirla.

J.V.- ¿Quiere la gente realmente saber la verdad? Me temo que muchas personas no están preparadas para escucharla.

I.Q.- En mi experiencia la gente siempre quiere la verdad, pero no en cualquier momento ni dicha de cualquier manera. En mi trayectoria profesional he tenido la ocasión de verme en la situación de tener que informar a pacientes acerca de su enfermedad. Esto ha sido especialmente delicado en casos en los que el paciente presentaba una enfermedad maligna. Hay lugares en los que esa información se da de golpe y sin preámbulos. A mí siempre me ha gustado preguntar a la gente lo que quiere saber y, poco a poco, hablando con claridad, sin tecnicismos y con afecto, la inmensa mayoría de los pacientes termina por preguntar exactamente lo que les pasa. La diferencia entre una fórmula y otra es que en la segunda el paciente empieza a posicionarse y a prepararse para adaptarse a la situación según recibe la información.

J.V.- ¿Cómo saber que esa verdad no es una injerencia en la vida ajena? Un ejemplo clásico: cuando sabes que a alguien más o menos cercano le está engañando su pareja, ¿eres tú el encargado de contárselo?

I.Q.- Pues yo creo que no. Distingo entre decir la verdad y no mentir que, aunque parezca que digo una tontería, no son lo mismo. Antes te decía que la verdad, como la mayoría de las intervenciones, tiene valor real si es útil. ¿Que cómo sabe uno si revelar una información es útil? Pues preguntándose para qué se va a revelar. Además, hay cosas que forman parte de la intimidad de las personas que es un derecho fundamental que tenemos que respetar por encima de todo. Ya sé que en este caso habrá personas que dicen que quien obra mal no debe esperar comprensión y yo digo que sí, que no podemos reivindicar un derecho vulnerando otro. La vida privada de cada uno es intocable.

J.V.- A la hora de decir una verdad que pueda hacer daño a quien la escucha, hay que tener tacto. No se puede soltar como un misil.

I.Q.- Cada información y cada persona tiene su ritmo. Esto, no obstante, está sujeto a muchas variables, entre ellas las habilidades y el pensamiento de cada uno. Hay gente que considera que andarse con rodeos al decir la verdad es síntoma de debilidad y no ayuda a quien se informa a hacer frente a la situación que se crea con la información que se le da. Otros consideran que el afecto y el tacto no se pelean con una información clara y efectiva. No se debe olvidar que hay que ser empático, transparente y honesto cuando digamos la verdad.

J.V.- Ese tacto debe estar combinado con la firmeza. Si empezamos a edulcorar el relato o a ocultar datos, el resultado puede ser nefasto.

I.Q.- Así es. Yo, más que con firmeza, diría con rigor. Nuestra actitud siempre es el primer apoyo de quien recibe una información de nuestra boca y nuestro rigor al informar le va a ayudar a quien está frente a nosotros a sentir que tiene un aliado que, además de informarle, le va a ayudar a pasar el trance que le espera.

J.V.- Y no hay que aplazarla. Cuanto más tarde se diga, peor.

I.Q.- Casi todo lo que se aplaza se hace por miedo y/o por incomodidad y con cada aplazamiento el miedo y la incomodidad aumentan. Es algo que repito siempre en esta sección: no hay que dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy y la manera de vencer el miedo a hacer algo -en este caso, decir la verdad- se supera afrontando la situación cuanto antes.

J.V.- Hablemos de la verdad en relación a nosotros mismos. En ocasiones no la decimos porque nos deja (o así lo creemos) en mal lugar.

I.Q.- Pues aquí te digo lo mismo que decía al hablar de la intimidad. Creo que cada uno debe contar la verdad a quien le parezca de fiar y no al primero que pregunte. Muchas veces no decimos la verdad acerca de nosotros mismos porque, como decía un conocido político, “no toca”.

J.V.- Lo malo es que tras la primera mentira viene la segunda, luego la tercera… y así, hasta el infinito o se acaba descubriendo todo.

I.Q.- Sí, yo suelo decir que la mentira que te liquida es la primera porque te abre la puerta a la comodidad de no decir la verdad y hacerte responsable de tus actos. Acto seguido, vienen más mentiras y se adquiere ese hábito, hasta que te quedas en evidencia porque la mentira es un ser con las piernas muy cortas, es decir, que no tiene mucho recorrido. Para mentir, además, hay que tener una memoria excepcional y una discreción de primera.

J.V.- ¿Nos decimos la verdad a nosotros mismos? ¿Toda? ¿O elaboramos una versión de la realidad que nos resulta llevadera?

I.Q.- Yo creo que de la misma manera que nos creemos nuestras propias mentiras, antes nos hemos dicho la verdad y la elaboramos. Eso segundo que tú dices es cierto: a veces hay asuntos tan dolorosos que la única manera de ponerse en el camino de afrontarlos es distorsionándolos para hacerlos más llevaderos. A partir de ahí, es la honestidad de cada uno la que lleva a completar la historia con todos los detalles.

J.V.- Termino por donde tal vez debería haber empezado el cuestionario: ¿cómo sé que lo que yo llamo “la verdad” no es sólo mi opinión o lo que yo creo que lo es?

I.Q.- Pues yo creo que eso no se sabe nunca. Suelo decir también que hay cosas que no se sabe si existen ni en qué términos, pero que su búsqueda, en este caso de la verdad, son parte de la sal de la vida. En mi opinión, buscar la verdad cada día y en cada hecho que tenemos que afrontar es un ejercicio que nos hace mejores y más humanos.

El rostro de las redes sociales

Roberta Bosco y Stefano Caldana – 07 de mayo de 2012

El retrato, género artístico por antonomasia, ha caracterizado todas las épocas de nuestra historia, pero ¿cómo nos retratamos a través de las redes sociales? Desde los albores de la humanidad la representación gráfica del rostro es una práctica ineludible, cuya interpretación ha ido cambiando con las tendencias socio-culturales. El siglo XXI y las nuevas tecnologías tampoco se escapan de esta tendencia, sobretodo en años marcados por la eclosión de las redes sociales, donde la identidad y presentación de los usuarios se basa en una eficaz, lograda y… muy estudiada “foto del perfil”. Dos jóvenes artistas latino-americanas reflexionan sobre este fenómeno.

Project Born Nowhere de Laís Pontes

Laís Pontes es una artista y fotógrafa brasileña, que con Project Born Nowhere, propone una aproximación participativa al concepto de identidad, a través de las redes sociales. En el proyecto, que surgió en 2011 durante una residencia en el International Center of Photography (ICP) de Nueva York, la artista va moldeando a partir de su rostro una serie de identidades de mujeres inexistentes, que realiza con aplicaciones para el retoque fotográfico y herramientas digitales. “El objetivo es introducir características que puedan convertir el mismo rostro cada vez en una nueva personalidad”, explica la artista.

Project Born NowhereLuego Pontes sube estos retratos ficticios en la página de Facebook del proyecto, sin ninguna información adicional, a la espera que la participación de los usuarios contribuya a completar sus personalidades, inspirándose en el lema What one sees is what one wants to see (Lo que uno ve, es lo que quiere ver). Después de analizar las contribuciones, Pontes da el toque final a la identidad de su creación, añadiendo la descripción que a partir de las intervenciones de los usuarios, en cualquier idioma esas sean, parece ser la más correcta para el personaje semi-fantástico que ha creado. Para lograrlo se base en las teorías sobre la personalidad. “Parece ser que finalmente la personalidad se compone de tres factores: lo que de verdad una persona es, lo que quiere ser y lo que los demás creen que sea”.

El proyecto que ha cosechado un creciente éxito tanto en la red como en ámbitos expositivos internacionales, juega con las temáticas inherentes a la identidad, utilizando conceptos de psicoanálisis y de proyección de la personalidad, enfrentándose a estereotipos como clase social y raza. El proyecto, que se expuso en diversas ocasiones, come el reciente FotoFest de Houston (Tejas), no tiene una fecha de cierre a corto plazo. “La respuesta del público es muy importante, de modo que por el momento voy a seguir difundiendo nuevas identidades”, promete Pontes.

Tiene similitudes con el proyecto de Laís Pontes, aunque no se trata de un trabajo sobre identidades múltiples la obra Intimidad Romero de la artista homónima, que también utiliza Facebook como plataforma para su proceso creativo. En realidad se trata de un trabajo sobre el derecho al anonimato y el concepto de autoría, que abarca diversas reflexiones relativas a ideas recurrentes en los planteamientos estéticos y conceptuales de la contemporaneidad y al mismo tiempo una aproximación crítica a las redes sociales. “En este caso el anonimato se convierte casi en un instrumento generador de contenidos, en una nueva herramienta estética y narrativa”, asegura Romero.

Retrato de Intimidad RomeroLa principal peculiaridad del perfil Inti Romero es que no deja ver nunca la verdadera cara del personaje, que queda inexorablemente ofuscada por una serie de gigantescos píxeles. Pero Intimidad no se limita a distorsionar su rostro, sino extiende este trabajo a todas las fotos de sus amigos y conocidos, dando así vida a un mundo de vivencias y historias de lo más tradicional, fotos de excursiones y de grupos de amigos, sobre las que ha introducido este perpetuo e irónico efecto gráfico. “Creo que la acción comunicativa debe adaptarse a los medios de comunicación disponibles en cada momento histórico. Prefiero denominar esto como una acción comunicativa de un proceso 2.0, una acción pública en una red informática ‘abierta’, sin más etiquetas” explica la artista.

Nadie se escapa de las intervenciones de Intimidad, ya sean fotos antiguas y recuerdos de toda una vida, mascotas o artistas y personajes del mundo del arte. Sin embargo esta inocente actitud es lo que le ha generado sus mayores problemas, ya que las estrictas reglas sobre el anonimato de la compañía de Mark Zuckerberg y su política de gigante fagocitador de datos, ha malinterpretado sus intenciones. “De repente Facebook canceló mi cuenta argumentando que mi perfil no correspondía a una persona. Para que pudiera recuperar mi identidad virtual me obligaron a enviarles un documento oficial como el pasaporte. Sin embargo, al final me obligaron a cambiar de nombre, pues en palabras de Facebook: No podemos aceptar Intimidad como nombre”, lamenta la artista. A pesar de haber enviado copia de su pasaporte, su viaje por el lado más absurdo de la vida no había acabado y finalmente para salir del embrollo tuvo que crear un nuevo perfil con el nombre de Inti Romero, que a fin de cuentas no es su verdadero nombre.

Facebook es algo esquizoide como la realidad social del momento. Creo, que por un lado intenta mantener y proyectar una imagen de alto nivel de privacidad, pero por otro pretende que les ofrezcas todo lo tuyo sin condiciones”, asegura Intimidad, satisfecha con su cara pixelada. “El píxel me sienta bien… Además como dijo uno por ahí, es mejor ser una obra de arte que una artista”, concluye.