Mejora la protección de datos en las aplicaciones móviles

Un informe del Future of Privacy Forum asegura que el 61,3% de las apps aplica una política de privacidad

Tecnología| 19/07/2012 – Anna Solana

Algunas cosas han ido a mejor desde el 2010. Por lo menos en términos de privacidad. O eso dice el think tank Future of Privacy Forum (FPF), que hace unas semanas publicó un estudio en el que concluye que más de la mitad de los desarrolladores de aplicaciones móviles incluyen en sus productos políticas de protección de datos.

En diciembre del 2010, un artículo del Wall Street Journal detallaba la información personal que algunas aplicaciones móviles enviaban a terceros sin que el usuario fuera consciente de ello, como la ID del teléfono, los contactos de la agenda, la localización y otros datos demográficos como la edad y el sexo.

La situación no es exactamente la misma en junio del 2012. Se siguen enviando datos. Pero se supone que el consumidor es más consciente de ello porque tiene a su alcance la política de privacidad con la que funciona cada aplicación. Y si hace clic para dar su conformidad a los avisos que le envía el teléfono, es que accede a lo que le piden.

De hecho, el informe señala que el 61,3% de las apps ya tiene política de privacidad. De éstas, las gratuitas son las que más han cuidado este aspecto, pues el número de aplicaciones que la incluyen se ha multiplicado por dos desde septiembre del 2011, mientras que las aplicaciones de pago con política de protección de datos sólo ha registrado un incremento del 4% en el Apple Store y del 18% en Google Play.

También es más discreto el porcentaje de las aplicaciones que ponen los términos de la política de privacidad a disposición del usuario dentro de la misma aplicación: Lo hacen el 48% de las gratuitas y el 28% de las de pago en el Apple Store; y el 20% de las gratuitas y el 12% de las de pago en Google Play.

Medidas

En febrero, después del tropiezo de Path, denunciada por acceder sin permiso a la libreta de contactos de los usuarios, Apple, Google, Amazon, Microsoft, HP y RIM acordaron que requerirían a los desarrolladores que incluyeran políticas de privacidad en las aplicaciones para que los usuarios supieran qué datos cedían. Ayudó la presión del fiscal general de California (Estados Unidos). Facebook se sumó a la iniciativa en junio.

Zynga, la compañía creadora de juegos como Farmville o CityVille, empezó igualmente a usar unos avisos telegráficos por puntos en los que deja claro al usuario que accede a la información técnica de su dispositivo, su ID, su dirección IP, su geolocalización y su perfil en las redes sociales si ha accedido a la aplicación desde ellas.

Es un paso. El vicepresidente de FPF, Jules Polonestsky, asegura en varios medios que “los desarrolladores de apps empiezan a entender que acceder a los datos del consumidor es un privilegio y no un derecho”. Aun así, siguen habiendo aplicaciones, como Camera+, de taptaptap.com, muy utilizada por los Instagramers, que recogen la localización del usuario sin dejar clara su política de privacidad. Pero para muchos, sigue siendo más práctico darle al “ok, instalar”. Después de todo, ¿qué es privado ahora?

Cinco claves para la mejora

No son pocas las cosas que la educación española necesita que cambien

 

No se deben desaprovechar las oportunidades que las grandes crisis ofrecen para hacer reformas estructurales. Especialmente, las que puedan suponer la creación de sólidos cimientos en los que basar el progreso de un país. Lo ha reiterado recientemente el propio presidente Rajoy. Sin embargo, la reforma educativa anunciada por el Gobierno del Partido Popular, finalmente, parece que se va a quedar en poca cosa. Y desgraciadamente no es poco lo que la educación española necesita cambiar.

La financiación del sistema educativo, la mayor autonomía de los centros, la profesionalización de los equipos directivos, el cambio del paradigma educativo (sustitución de muchos contenidos por diferentes competencias) y la adaptación a una nueva realidad respecto a la transmisión de conocimientos, dando un giro radical a la formación de nuestro profesorado, son, en mi opinión, las cinco cuestiones más decisivas.

Empecemos por el final, por ser la piedra angular del asunto. La razón fundamental por la que unos países tienen mucho mejor nivel educativo que otros radica en la formación de su profesorado. La propuesta de un MIR para profesores es un ejemplo magnífico, porque es cierto que España forma médicos excelentes que siguen aprendiendo durante toda su vida. Pero, antes de llegar al MIR, sus calificaciones han sido las más altas en el Bachillerato y se han formado durante seis años como médicos generales antes de su especialización. Casi exactamente igual que los estudiantes que quieren ser profesores en Finlandia, el país con mejor nivel educativo de Europa y de la OCDE. Sus profesores saben que de su formación continua depende el que sus alumnos lleguen a ser ciudadanos competentes. Así pues, o copiamos todo el proceso, o si solo copiamos el final nos quedaremos a medias. Las conclusiones del Informe McKinsey de 2007 son irrefutables. “El nivel educativo de cualquier país depende de su capacidad para formar y motivar adecuadamente a sus profesores”. No le demos más vueltas. Podemos cambiar todas las leyes educativas, a los ministros de Educación, hacer todos los exámenes que queramos, incluso empeñarnos en politizar alguna asignatura. Si no cambiamos el modelo de formación de nuestro profesorado, poco o nada cambiará.

En segundo lugar, el inevitable cambio del paradigma educativo pasa por una autonomía real de los centros que les permita establecer currículos propios, modificar contenidos, incluso poder impartir nuevas asignaturas. ¿Y que se les evalúe? Por supuesto que sí. Hoy ya nadie debería discutir la necesidad de hacer evaluaciones externas, porque es cierto que lo que no se mide no mejora. Pero utilizando como referencias criterios de evaluación internacionalmente aceptados, como los del informe PISA, en lugar de exámenes que solamente miden conocimientos y olvidan las competencias. Para mejorar la acción docente de nuestro profesorado, habría que aprovechar la inercia del cambio metodológico que el plan Bolonia ha obligado a iniciar en las universidades, adaptándonos también a Europa en la mejora de competencias de los alumnos de secundaria, en contrapartida con lo desmesurado de los contenidos que nuestro actual sistema educativo impone. Parece que nadie quiera darse cuenta de que el tiempo no se puede estirar, y entre unos y otros han ido añadiendo asignaturas y contenidos a los currículos de los alumnos, sin reparar en que los profesores cumplen los programas a costa de quedarse sin tiempo para trabajar adecuadamente todas las competencias que necesitará un ciudadano de este siglo.

La educación pública es, de las que existen en España (pública, concertada y privada), la más importante para el futuro del país. Por eso urge modificar la gestión del sistema estatal que, a pesar de contar con muchos excelentes profesionales, es completamente esclavo de unos mal entendidos “derechos funcionariales” que dificultan extraordinariamente cualquier planteamiento de cambio. Es necesario profesionalizar las direcciones de los centros públicos con la formación y promoción de sus propios funcionarios, en lugar de pensar en privatizar su gestión. El ejemplo de los mejores colegios realmente privados de nuestro país debería servir, en lugar de para proponer una gestión privada de la escuela pública, para utilizarlos como referencia de lo que realmente funciona en un centro educativo.

El éxito de estos colegios se basa en tres razones fundamentales: primero, tienen muy bien profesionalizada la función directiva y siguen una estrategia educativa bien planteada. Además, forman permanentemente a su profesorado para su mejora e innovación. En tercer lugar, logran crear equipos docentes estables y comprometidos.

Aunque hay bastantes profesores de la escuela pública individualmente concienciados respecto a su propia formación continua, no es menos cierto que hay muchos más que no lo están y que se limitan a cumplir con el trámite administrativo de una formación, bien estéril, bien ficticia. Hay colegios que logran claustros de profesores excelentes porque su formación continua es real y se adapta a las necesidades del centro, a la evolución pedagógica y a la innovación. Es cierto que hay algunos (desgraciadamente pocos) buenos ejemplos de centros públicos y concertados que cumplen estas premisas y por eso también son colegios excelentes. Imitar sus modelos supondría avanzar más que de cualquier otra manera.

Por último, es necesario esclarecer con mayor precisión el marco de competencias y obligaciones de las Administraciones públicas e instituciones intervinientes, con unas “reglas de juego” que se cumplan siempre, garantizando un escenario que beneficie al sistema educativo y permita la libre competencia. Para ello, hay que referirse inevitablemente al sistema de conciertos. Y sin pensar en su cuantía, que es de lo único de lo que siempre se habla, lo primero y más importante es establecer como requisito, para que un colegio de titularidad privada pueda ser sostenido con fondos públicos, la condición sine qua non de que sea una entidad sin ánimo de lucro. No resulta ni liberal ni social ni fácilmente entendible el que iniciativas privadas, que en algunos casos tienen poco que ver con la enseñanza, hagan un estupendo negocio con la educación, en suelo público y con dinero público.

En definitiva, muchas son las cuestiones en las que, a mi juicio, se debe intervenir desde el punto de vista político para mejorar la educación en España. No se debería dejar pasar la oportunidad de hacerlo. Y las organizaciones sindicales también tienen la responsabilidad de contribuir a ello, dejando de poner obstáculos a los intentos de reconducir adecuadamente un desempeño más profesional de la función pública en la educación y colaborando en la búsqueda del beneficio de los alumnos antes que cualquier otro fin.

Gabriel Castellano es presidente de la Asociación de Colegios Privados Independientes (Cicae).