El copago atasca las farmacias

Colas e incidencias informáticas ralentizan la dispensación en el primer día del nuevo modelo Boticarios y pacientes critican la precipitación en aplicar el cambio

María R. Sahuquillo – Madrid 2 JUL 2012

Quejas, colas, saturación de los sistemas informáticos. Y paciencia, mucha paciencia en el primer día laborable del nuevo sistema de copago farmacéutico por renta. De los pacientes y de los boticarios. El temido caos generalizado no se produjo, pero sí muchas complicaciones técnicas que dificultaron y ralentizaron la dispensación de fármacos en toda España. Bases de datos caídas, problemas con los códigos de las recetas que contienen el nivel de aportación del usuario o errores del sistema al trazar el porcentaje que debía cobrar. Tampoco ayudó la poca información que, según los farmacéuticos, tienen los ciudadanos —sobre todo los jubilados— de un cambio histórico que marca que, por primera vez, los pensionistas pagan un porcentaje (del 10%) de sus medicamentos con un tope mensual de 8, 16 o 60 euros.

En Andalucía la implantación del nuevo sistema de copago colapsó ayer por la mañana el sistema informático que sustenta la tarjeta electrónica; lo que causó problemas en farmacias de toda la comunidad. Los boticarios intentaron descargarse a primera hora la nueva versión de la llamada Receta XXI, que recoge los ficheros creados para los nuevos tramos del copago y el contador de euros diseñado por el Sistema Andaluz de Salud para que los pensionistas no tengan que adelantar el coste de sus medicinas. Y, ante la avalancha simultánea de peticiones, el sistema se cayó.

El fallo informático supuso que muchos pacientes no pudieran comprar sus medicinas. La tarjeta electrónica computa los fármacos que cada usuario tiene recetados y aún no ha comprado, por lo que al no poder leer la información, los boticarios no pudieron dispensarlos. Algo que pudo solventarse para aquellos que llevaban la orden de dispensación también en papel. “Incidencias lógicas”, para el presidente del Consejo Andaluz de Colegios de Farmacéuticos, Antonio Mingorance, que aseguró que no se había producido un caos generalizado

El Ministerio de Sanidad aseguró que el primer día del nuevo copago farmacéutico se desarrolló con normalidad en toda España. “Menos de una de cada 10.000 recetas ha generado algún tipo de incidencia”, aseguraron en una nota de balance. Isabel Vallejo, vicepresidenta de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE), explica que los problemas no habían sido muy graves, pero sí incómodos. “Es un cambio tecnológico enorme que afecta a millones de personas. Todas las modificaciones de ese calado tienen problemas de implantación”, dice. Problemas, la mayoría técnicos, que no hubieran ocurrido si se hubiese establecido un periodo de pruebas, critica Vallejo.

“Aquí estamos, apagando incendios”, suspira Vicente Baixauli, titular de una farmacia de Mislata (Valencia) y vicepresidente de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac), que explica que su carga de trabajo ayer triplicó la de un día normal. Baixauli, como otros boticarios, detectó que una vez introducido el código en determinados tipos de dispensaciones, el sistema no calculaba bien el porcentaje que el usuario tenía que pagar. “Y eso obliga a hacer la facturación a mano y a revisar todos los porcentajes para asegurar que no hay ninguno mal y se está cobrando al usuario la cantidad correspondiente”, dice este farmacéutico, que también se queja de la precipitación de la medida.

A la farmacia de Cristóbal López de la Manzanara, en Getafe (Madrid), acudieron ayer varias personas con recetas en las que no aparecía el código de aportación. Para conocerlo, explica el boticario, se debe consultar una base de datos que ha habilitado la Consejería de Sanidad, y rellenar el código a mano. “Eso y las recetas antiguas nos están colapsando la farmacia porque perdemos mucho tiempo metiéndonos en la base de datos para mirar cada código”, se queja el farmacéutico. “Y menos mal que el pobre usuario no se ha quejado de lo que tiene que aportar”, añade.

Si el código no estuviera en esa base de datos, algo “excepcional”, según la Consejería de Sanidad de Madrid, la norma prevé que se cobre a la persona el porcentaje más bajo. “Hasta ahora no ha habido problemas; siempre hemos encontrado los códigos”, explican en la farmacia Ayllón, de Madrid.

En la farmacia en la que trabaja Carmen Soria, también de Madrid, están recomendando a los pensionistas que se guarden las facturas de compra. “Es para que tengan un comprobante de lo que han pagado y se aseguren que les devuelvan el dinero cuando hayan superado el tope que les corresponde”, explica Soria a Julia Martínez, de 69 años, que recibe una pensión de menos de 400 euros al mes. “Ya sé que no es culpa vuestra, pero con la pensión que tengo, me parece muy mal tener que pagar”, se queja Martínez, que pensaba que con su escasa pensión no pagaría nada. “Su límite es de ocho euros mensuales y el Gobierno le devolverá lo que pague de más”, le explica la farmacéutica. Pero Martínez no se fía: “Sí, me voy a creer yo que me lo devuelven. ¿Cuándo? ¿Cómo?”.

Como esta pensionista, otras muchas personas no saben cuánto tendrán que pagar con el nuevo sistema que marca que los activos deben pagar el 40%, 50% o el 60% del precio de los fármacos en función de su renta. Una confusión mayor aún en Cataluña. Allí, para solventar el retraso en la implantación del copago las autoridades registran lo que se debía haber pagado; cantidad que se les cobrará a partir del 15 de agosto. Así, en esa comunidad los pacientes reciben tres recibos: el tique de compra, el recibo del copago y el que certifica que han pagado la tasa de un euro por receta, en vigor desde hace 10 días.

“No se han hecho campañas publicitarias para explicar este cambio histórico”, se queja el farmacéutico Baixauli. Así, gran parte de esa labor de información la han hecho boticarios como él. “Hemos estado haciendo una tarea que no nos corresponde porque no somos funcionarios”, dice Jaime Acosta, vocal de Oficina de Farmacia del Colegio de Farmacéuticos de Madrid. Este organismo habilitó el domingo un servicio telefónico para atender consultas de sus 2.800 oficinas de farmacia. Ayer por la mañana hubo 80 consultas por hora.

Con información de Reyes Rincón, Valme Cortés, Elena Sevillano, Javier G. Pedraz, David García y Anthony Coyle.

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Un ‘súper’ electrónico

Super Amara incorpora códigos QR para facilitar la compra. Este sistema permite descargar en el móvil o en una tableta recetas e información sobre ingredientes necesarios.
 
MIKEL SORO | SAN SEBASTIÁN
 
Olvídese de la lista de la compra cuando vaya a los supermercados de Super Amara. Esta empresa acaba de poner al servicio del cliente el ‘i-super’, que consiste en unos códigos QR o Bidi (como el que hay al pie de esta información) que permiten acceder a información a través de teléfonos y tabletas electrónicas, y disponer, en este caso, no sólo de los condimentos que se necesitan para preparar un plato estival sino incluso de una receta del cocinero Joxean Eizmendi, del restaurante Illarra de Donostia. Víctor Espinosa, director de Super Amara, habló ayer en la presentación que se llevó a cabo en el local donostiarra de los bajos de la iglesia Iesu, de Riberas, convertido en «el primer supermercado del Estado, y de Europa, en disponer de este servicio gratuito».
Por ahora son diez recetas las que se ofrecen, especialmente de ensaladas, «porque hemos pensado que ésta era la mejor época para este tipo de alimentos», señalaba Espinosa, pero el recetario se irá ampliando según lleguen las diferentes estaciones del año y se ofrezcan productos de temporada.
 
«El sistema es sencillo», explicó Alfonso Reiriz, responsable de marketing, mientras el director del ‘súper’ y el cocinero hacían una demostración ante un expositor. Se escanea con el móvil, el Ipad o cualquier dispositivo que pueda hacerlo, el código QR que hay en los sectores elegidos por el supermercado. Automáticamente aparece en pantalla Eizmendi que, en un vídeo de 2-3 minutos, explica lo que se necesita para confeccionar una receta con los productos del expositor y un listado de esos alimentos. Esa receta además se puede almacenar y descargar en casa en pdf para imprimirla en papel y llevarla a la cocina.
 
Eizmendi recalcó que «es un sistema que abre nuevas puertas para comprar calidad y gastar menos».
Destacó las ventajas «para quien no sabe qué poner en a la familia o a los amigos en casa. Viene, descarga el código y se lleva una serie de productos y la receta sencilla para plasmarla en un plato. Parece magia y hace la vida más feliz».