Spotify gratuito llega a BlackBerry

ep – Martes, 26 de Junio de 2012

El servicio de música en ‘streaming’ Spotify está disponible para su descarga gratuita en BlackBerry App World. Es compatible con dispositivos con la versión 5 o superior del sistema operativo de Research In Motion (RIM).

MADRID. Spotify proporciona a los usuarios un acceso gratuito e inmediato a un catálogo musical de más de 16 millones (Número de canciones licenciadas a nivel global. El tamaño del catálogo varía según el país) de canciones.

Con la aplicación de Spotify para smartphones BlackBerry, los usuarios pueden buscar cualquier canción o disco y dar al ‘play’ para escucharlos, construir una biblioteca de listas de reproducción y compartirlas con amigos con un solo clic o integrarla en sus medios sociales favoritos para poder descubrir y compartir la música con sus amigos.

El Global Head of Hardware Partnerships para Spotify, Pascal de Mul, ha dicho: “El objetivo de Spotify es ayudar a los amantes de la música de todo el mundo a disfrutar, descubrir y compartir la música. Con el lanzamiento de la aplicación Spotify para BlackBerry, disponible en BlackBerry App World, estamos encantados de poder extender el alcance de nuestra aplicación a millones de usuarios de BlackBerry en todo el mundo”.

Por su parte, el VP, Global Alliances & Business Development en RIM, Martyn Mallick, ha añadido: “Con un acceso inmediato a un catálogo con millones de canciones, la aplicación de Spotify hace que sea más fácil para los clientes encontrar, escuchar y compartir música entre sí mientras están en movilidad. Comunicar y compartir son dos características fundamentales de la experiencia de usuario de BlackBerry y el carácter social de la aplicación de Spotify coincide perfectamente con lo que quieren nuestros clientes”.

La aplicación es compatible con ‘smartphones’ BlackBerry que ejecutan el sistema operativo (OS) BlackBerry 5 y versiones posteriores. Estará disponible en 15 países, que son Australia, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Nueva Zelanda, Noruega, España, Suecia, Suiza, EE. UU., Reino Unido y los Países Bajos.

Al igual que con todas las aplicaciones móviles de Spotify, los usuarios necesitarán una suscripción Spotify Premium para poder escuchar música en ‘streaming’ bajo demanda desde su catálogo. Los usuarios sin cuenta Premium podrán aprovechar una prueba gratuita de 48 horas directamente desde la aplicación o apuntarse a una gratuita de 30 días para probar el servicio.

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La ventana de Internet, en el aire

La industria del cine busca fórmulas para rentabilizar las películas en el entorno ‘on line’

El público pide inmediatez

 
Rocío García / Rosario G. Gómez – 21 MAY 2012
 

A los pocos días de que el filme dirigido por Enrique Urbizu No habrá paz para los malvados se alzara con los grandes Premios Goya, el pasado 19 de febrero, se asistió a una situación insólita en el panorama de la industria cinematográfica española. Por primera vez, la lucha contra el mal del policía Santos Trinidad, interpretado por José Coronado, se pudo ver en las salas de cine, donde se reestrenó, en las páginas legales de Internet, en DVD y en una televisión privada de pago. Todas las ventanas simultáneamente, cada una con un soporte y un precio diferente, y con gran éxito en cada una de ellas.

¿Es esto una demostración de que hay público para todas las ventanas? ¿De que se tiene que terminar con la rigidez establecida en la industria cinematográfica española? ¿Es también una buena manera de luchar contra la piratería, el gran cáncer al que se enfrenta el mercado, sin bloquear las películas en plazos establecidos y poniéndolas lo antes posible a disposición del público? El debate ha explotado en el aire y ocupa buena parte de las preocupaciones del sector, y más en un momento en el que la crisis devasta una industria ya de por sí frágil. El caso de No habrá paz para los malvados fue eso, una excepción. Han pasado tres meses y no se atisba ningún avance en la regulación legal de poner el cine a disposición del que lo quiera ver, cuando lo quiera ver y donde lo quiera ver.

Los cambios en los hábitos de consumo de las películas que ha provocado Internet no encuentran su hueco legislativo en España. ¿Dónde está la ventana de Internet para consumir de manera legal las películas tanto españolas como extranjeras?. De momento, no existe. Pero lo que sí hay son diferentes opiniones y opciones para ir aclarando el nuevo modelo a seguir, algunas de ellas en bandos diametralmente opuestos.

Históricamente, las ventanas, los plazos de tiempo establecidos entre los diferentes soportes de explotación, ha sido una medida para proteger el mercado de la exhibición. Aunque hace unos años la legislación abordó la existencia de diferentes ventanas que iban desde las salas de cine hasta la televisión en abierto, en un plazo que podía abarcar hasta los tres años, hoy solo existe una ventana establecida por ley. Las demás están regidas por contratos o prácticas comerciales entre los sectores afectados. En la vigente orden ministerial de junio de 2011, elaborada en la etapa de Ignasi Guardans al frente de la Dirección General del ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales) y aprobada durante el mandato de su sustituto, Carlos Cuadros, se especifica que entre el estreno de una película española en una sala de cine y su salida en DVD tiene que transcurrir un mínimo de tres meses, excepto en el caso de que un filme en el primer mes de su exhibición no llegue a los 10.000 espectadores. La normativa sobre esta ventana rige solo para los casos de títulos de cine español, una especie de contraprestación por las ayudas públicas recibidas. Sin embargo, en el mercado esta medida también rige para el resto de los títulos extranjeros, en este caso como parte de una práctica comercial instalada en la industria desde hace años.

Ventanas dinámicas y abiertas a las necesidades de un público que exige cada vez más inmediatez. Quien lo tiene muy claro es Juan Carlos Tous, responsable y creador de Filmin, página de descargas legales con un catálogo que ronda los 2.500 títulos a un precio que va desde los 1,95 euros para un filme de catálogo y los 2,95 si se trata de una película de estreno. Filmin también ofrece una tarifa plana desde 10 euros al mes. “Bloquear las películas promociona la piratería. El cine siempre tiene que estar a disposición del público. No sé cuál es la fórmula, pero lo que está claro es que, si una película ya no funciona en taquilla al mes o a los dos meses, es absurdo que no se ofrezca ya en ese momento al espectador que la quiera ver a través de Internet. Las ventanas tienen que ser dinámicas, no rígidas como ahora, y todo esto tiene que venir de acuerdos puntuales título a título entre los productores o los tenedores de los derechos, y los distribuidores”, asegura Tous.

Por no hablar de las ciudades y pueblos en los que las salas de cine ya forman parte de un paisaje prácticamente desaparecido y acceder a determinadas películas y más concretamente, a títulos de cine independiente europeo y películas en versión original, se vuelve imposible. Es también aquí, donde, según Tous, la ventana de Internet tiene toda su razón de ser. ¿Por qué las personas que no habitan en las grandes ciudades no pueden acceder al cine, a disfrutar de los filmes que ellos deseen, existiendo como existe la posibilidad de hacerlo a través de Internet?

Opinión parecida expresa Ghislain Barrois, de Telecinco Cinema, empresa integrada en Mediaset, que gestiona Telecinco y Cuatro, entre otras televisiones, que viene luchando desde hace tiempo para que las ventanas se acorten al máximo. “En primer lugar por el efecto de la piratería. Cuanto más tiempo está una película en la estantería o en una ventana, más oportunidades hay para que sea descargada ilegalmente. En España es demoledor. Hay barra libre”, dice Barrois.

En el entramado de explotación del cine, la televisión en abierto es la última ventana, es el último eslabón de la cadena. “El impacto del consumo ilegal en la eficacia del cine es terrorífico. Si tenemos que esperar tres años, la gente tiene millones de oportunidades de piratear una película”, añade Barrois.

Tras esta realidad se esconden las cifras del negocio del vídeo, que en los últimos cinco años han descendido cerca de un 65% y siguen perdiendo volumen año tras año. Según Tous, tan solo en el último año ha caído un nuevo 18%. El negocio del vídeo ha desaparecido, pero se sigue respetando esa ventana que para muchos debería ser ocupada por Internet, antes de sus siguientes pasos por las televisiones de pago. “Filosóficamente son ventanas muy parecidas. Que el soporte sea físico o llegue en el ordenador no tiene relevancia”, apunta Barrois.

Frente a estas oportunidades, que han irrumpido con fuerza con la llegada de Internet, hay quien sigue defendiendo de manera radical la ventana que protege, en teoría, el mercado de la exhibición. Juan Ramón Gómez Fabra, presidente de la Federación de Cines de España, que engloba al 95% de las salas existentes en nuestro país, asegura estar dispuesto a negociar sobre la existencia o los plazos de las ventanas con la condición de hablar de los costes de la exhibición y de las variables y globalidad del modelo de negocio. “Si cambiamos el modelo hay que pactar. Si no se pacta, nosotros estaremos radicalmente en contra”, dice Gómez Fabra, para quien el mayor reto del sector de la exhibición es la piratería. “Defendemos nuestra ventana porque forma parte de la explotación de la película”, añade el presidente de los exhibidores, sector que tiene recurrida la orden ministerial de 2011 al sentirse discriminados con respecto a todas las plataformas on line que no tienen controles, ni cuotas de pantalla ni billetajes físicos.

Una muestra del delicado momento por el que atraviesa el cine es que en los últimos dos años las salas han vendido 20 millones menos de entradas (7,1% menos en 2011 respecto a 2010), según el Observatorio Audiovisual Europeo. En términos económicos, la caída en el número de espectadores españoles hizo que el sector ingresara por taquilla en 2011 un total de 612 millones de euros, casi 50 menos que en 2010.

Otro de los ámbitos más afectados por la regulación de las ventanas es el de los operadores de televisión y, sobre todo, las cadenas de pago que tienen en el cine uno de sus productos estrella, el gran motor junto con el del fútbol de la gran bolsa de abonados. “Los dueños de las películas son los que imponen las condiciones del modelo de explotación con el objetivo de maximizar sus inversiones”, explica Álex Martínez Roig, director de contenidos de Canal +. Según Martínez Roig, la oferta de la televisión de pago garantiza calidad de reproducción, seguridad de que lo que se va a ver es lo que se ha pagado, además de permitir seguir bombeando dinero hacia los creadores. “Nuestro trabajo es ofrecer contenidos en todos los soportes satélite, Internet, cable, televisiones conectadas”, añade el director de contenidos de Canal +, que lamenta la desventaja que sufren estos operadores en un mercado acostumbrado a tener acceso a películas gratis de forma pirata, algo que no ocurre en el resto de los países de nuestro entorno, donde se ha puesto coto a la piratería.

El modelo de las cadenas de pago se basa en emitir las películas antes de que estas den el gran salto al abierto. El recorrido de una película empieza en las salas, sigue con el DVD, el vídeo transaccional (TVOD), el pago por visión en una cadena (PPV), la televisión de pago y, finalmente, la cadena en abierto. El plazo que, normalmente, transcurre entre el estreno en salas y la emisión en abierto es de unos 20 meses.

El público que es exigente para unas cosas, por ejemplo la inmediatez, aquí y ahora, ha dejado a un lado la exigencia de la calidad. “La gente se está acostumbrando a ver una película en muy malas condiciones, pixelada, con cortes salvajes, y con eso el cine pierde su magia”, denuncia el presidente de los productores, Pedro Pérez, que defiende la regulación de las ventanas pero advierte de que el lanzamiento en salas es el principal marketing de una película.

Para Pérez, uno de los grandes problemas es que Internet de momento no le está generando al productor ningún tipo de ingresos. “Hace cinco años dije que faltaban 10 para que se pudiera financiar una película con parte de los ingresos de Internet. Han pasado esos cinco años y no hemos avanzado nada”. Pero, aunque no genere ingresos, Internet no quema las posibilidades de una película.

“Los títulos de más audiencia en abierto son los que más se ven en las salas, en el vídeo o las que más se descarga la gente”, añade el presidente de la FAPAE (Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales de España). Pérez pone como ejemplo el caso de Avatar, el filme de James Cameron, que ha sido el más costoso de toda la historia de la cinematografía y el que más se vio en la pantalla grande. “Avatar es también el título más descargado y el más pirateado y, seguramente, cuando le toque el paso a la televisión en abierto, tendrá muchísima audiencia”, explica el presidente de los productores.

Aire por un gran balcón

ENRIQUE GONZÁLEZ MACHO

Toda estancia que se precie de confortable tiene ventanas, para que entre la luz, el sol y el aire fresco que la ventile y la haga habitable. Y la industria cinematográfica también tiene sus ventanas. Estas regulan de forma tácita la comercialización de las películas y se van abriendo sucesivamente para que el espectador acceda a la película de forma progresiva en función de una orden de explotación. Primero la sala de cine y a continuación el vídeo, la televisión de pago, la televisión en abierto, etcétera, etcétera. Pero las tecnologías nos han traído una nueva ventana. Más que una ventana, un auténtico balcón con terraza y todo, y que el espectador-consumidor maneja directamente y a su antojo.

Ante esta irrupción, las ventanas existentes se defienden de esta novedad cerrándose de forma demasiado elemental tratando de negar, o algo peor, de ignorar, esta nueva realidad. Pero por el balcón, mucho más grande y penetrable que las ventanas, los nuevos aires entran cada día con más fuerza. Y por mucho que se controlen las otras ventanas, ventanucos y respiraderos, ese nuevo aire se está transformando en un vendaval imparable que va a reventar incluso las contraventanas. ¿Qué hacer para que se pueda seguir controlando tanto aire nuevo y que la estancia siga siendo habitable? Pues primero reconocer la nueva realidad y, en segundo lugar, entenderse con ella, negociando para que las condiciones de habitabilidad sean las idóneas para todos los que la habitan. Estableciendo los acuerdos necesarios para que la cohabitación sea posible, tanto para los que ya están dentro, como para aquellos que se incorporan por el balcón. Y ello requiere esfuerzos e imaginación. Sobre todo imaginación. Porque sin ella el vendaval será tal que todas las ventanas y contraventanas saltarán por el aire y su furia impondrá sus propias leyes basadas tan solo en la fuerza de la realidad.

Es absolutamente necesario que todos los actores que intervienen en el proceso cinematográfico —creadores, distribuidores, comercializadores en salas, vídeo, televisiones, Internet…— se sienten alrededor de la mesa, a ser posible redonda y sin aristas punzantes, para primero hablar y después negociar y llegar a soluciones, que seguro que las hay, y salvaguardar los legítimos derechos de todos, incluidos por supuesto los de los nuevos aires. Y sabiendo que estos no pueden ser ignorados. Que es absolutamente necesario llegar a acuerdos, que probablemente cambien algunas de las actuales ventanas o incluso se produzca el cierre de otras. Y siendo absolutamente conscientes de que, si no sabemos hacerlo, otros lo harán por nosotros y a lo peor el vendaval nos expulse a algunos de la habitación común. Se trata de llegar a acuerdos que permitan que ese espacio sea habitable, que quepamos todos en él y que cada vez tenga mejor aire y sea más confortable. Porque detrás de ese vendaval está nada más y nada menos que una gran parte de la sociedad, de nuestros espectadores. Y sin ellos no somos nada. Si no reaccionamos a tiempo y con los medios necesarios, las ventanas abiertas o cerradas no servirán para nada y se quedarán como mudos testigos de un espacio común moribundo en el que un día hubo una vida activa, brillante y creativa.

Enrique González Macho es presidente de la Academia de Cine.