¿Por qué? La curiosidad, motor de la vida

La curiosidad es un instinto natural. Combinada con la capacidad de pensar, ha sido la base del progreso humano. Detrás de cada avance, ha habido una o varias preguntas. Aun así, no todos tenemos desarrollada en el mismo grado esa facultad… ni la empleamos con los mismos fines

Imanol Querejeta y Javier Vizcaino – Sábado, 17 de Marzo de 2012

“La curiosidad es insubordinación en su más pura forma” (Vladimir Nabokov)

J. V.- Sin curiosidad, probablemente no habríamos salido de las cuevas… en el caso de haber llegado hasta allí.

I. Q.- Muy buena reflexión. Todo eso y también que ni, según la Biblia, estaríamos en este mundo tan generoso, humano y bondadoso en el que vivimos si no fuera, dicen, por la exagerada curiosidad de Adán y Eva, que quisieron saber lo que de verdad escondía la fruta prohibida. A mí este pasaje me despierta la curiosidad de saber lo que sería de nosotros si nuestros primeros padres se hubiesen quedado con la duda.

J. V.- Dicen los etólogos, refiriéndose a los animales, que la curiosidad aporta una ventaja de supervivencia a las especies que la manifiestan. ¿También a la especie humana?

I. Q.- Bueno, a veces sí, pero no siempre aporta esa ventaja. La curiosidad muchas veces te lleva a asumir riesgos innecesarios solo por saber lo que hay más allá o por experimentar algo excitante. Hay un documental muy interesante en el que se explica cómo se consigue agua en algunas regiones de África. Se le tiende una trampa a una especie de mono que siempre sabe donde hay agua, secreto que guarda celosamente. El mono muerde el anzuelo por pecar de curioso. En el caso de este documental al mono no le pasa nada más que le hacen conducir al hombre (cómo no) adonde hay agua, pero lo terrible es que usan el mismo método para cazarlo. A la especie humana, que al fin y al cabo parece que desciende del mono, creo que le pasa lo mismo y aunque preferentemente le da esa ventaja de la que hablas, no siempre ocurre así y si no que se lo pregunten a la mujer de Lot (¡Caray, qué bíblico estoy hoy!).

J. V.- Anotaba en la introducción que hay grados. Hay quien no deja de hacer o hacerse preguntas, pero también quien se plantea muy pocas.

I. Q.- Así es. El término bueno a mi entender es el que te hace plantearte justo el número de preguntas adecuado, ni muchas ni pocas. Eso se aprende con la edad y después de haber cobrado unas cuantas collejas, te lo aseguro por experiencia.

J. V.- Supongo que, en el primer caso de la pregunta anterior, es importante poner límites. No podemos llegar a saber todo de todo. Y no siempre las preguntas tienen respuesta.

I. Q.- Eso mismo creo yo. Siempre deben quedar cosas por saber y deseos frustrados, que si no, no toleramos ningún revés o situación adversa y sin ese ejercicio, cuando no tenemos otra elección que hacer frente a esas situaciones, tragamos más saliva de la conveniente y sufrimos de forma innecesaria. Esa condición se ha dado siempre en los niños, pero cada vez se ven más jóvenes y adultos con dificultades para aceptar límites a su necesidad de tenerlo todo.

J. V.- ¿Es inevitable que se pierda con el paso de los años? ¿Cómo mantenerla viva y despierta?

I. Q.- En mi opinión, no. Personalmente, cada día que pasa me gustan más aquellas actividades que he ido cultivando a lo largo de mi vida y que me han dado satisfacciones, porque de un tiempo a esta parte, cada vez que las hago las afronto como si fuese a ser la última vez que las iba a disfrutar. Eso las convierte en experiencias más únicas e irrepetibles de lo que ya las consideraba hasta ahora. Creo que cada día soy más curioso, lo que ocurre es que soy más respetuoso con los que me rodean de lo que era hace unos años.

J. V.- ¿Se puede cultivar o entrenar?

I. Q.- Te acabo de contestar. Como todo, se debe cultivar y entrenar porque en su justa medida, que te decía antes, es un motor del conocimiento y por lo tanto, del saber y del crecimiento personal. No hay que rendirse nunca ante ese obstáculo tan difícil que nos pone la vida que es el paso del tiempo, paso del tiempo que tenemos la responsabilidad de llenar cada uno de nosotros con nuestras habilidades.

J. V.- ¿Se puede transmitir a los demás? ¿Cómo?

I. Q.- Por supuesto. Se hace exponiendo a los demás con entusiasmo lo que consigues gracias a esa cualidad. Hay personas que creen que a partir de ciertos años la vida es un discurrir y no es cierto; se debe disfrutar de todo, el deporte, el aprendizaje, el riesgo controlado, el sexo… que sé yo.

J. V.- En el caso de los niños, que la tienen a raudales, ¿debemos encauzarla? Una vez más, ¿cómo?

I. Q.- Dejándoles que la expresen y estando a su altura a la hora de ir satisfaciéndola. Hay que dejar que pregunten y siempre responder. No siempre lo he conseguido, pero con mis hijas he tratado de satisfacer su curiosidad al mismo tiempo que se la estimulaba. Es uno de los ejercicios más bellos que he desarrollado en mi vida. Espero que ahora que no me cuentan sus curiosidades (faltaría más), apliquen lo que les he querido transmitir porque yo, en mi propia experiencia autoeducativa, me he divertido mucho haciéndolo.

J. V.- Hay también una curiosidad nada sana, la que nos conduce a querer saber cosas que no deberían importarnos y que, desde luego, no nos atañen. Y aquí, repito una de mis frases favoritas: “Quien no sea un poco cotilla que tire la primera piedra”.

I. Q.- Sí, pero hay cotillas y cotillas. La información es un valor y muchas veces, un poder real. Lo que ocurre es que hay personas que confunden la información con el chascarrillo y creen que saber cuatro cosas para luego contarlas les da un plus que yo no veo por ningún lado.

J. V.- El éxito de la prensa y los programas televisivos del corazón (o del hígado) depende de ese tipo de curiosidad un tanto morbosa. ¿Nos lo deberíamos hacer mirar?

I. Q.- Con todo respeto, mencionas órganos demasiado nobles para mezclarlos con actividades menos nobles. Sí, estoy contigo en que esos programas dependen de esa curiosidad por lo escabroso y muy personal que, a juzgar por el éxito de los programas, gusta a la gente. También con todo respeto, nos lo debemos mirar porque se está cultivando un hábito muy poco sano que es el de hablar sistemáticamente de los demás y de sus defectos y no de nosotros mismos y de nuestros puntos de mejora.

“Conseguimos que la gente lleve encima su vida digital”

El presidente de Asus, Jonney Shih, explica la creación del Padfone y augura que otros lo copiarán

 

Jonney Shih, presidente de Asus, asume su papel de visionario y confía en encontrarse con un futuro híbrido para su empresa. Hace solo diez años fabricaba componentes para móviles. Su crecimiento estalló cuando lanzaron los netbooks, pequeños portátiles de bajo coste. Después llegaron las tabletas, los móviles y ahora la unión entre los tres aparatos, el Padfone.

Pregunta: ¿Cuándo lanzaron el primer netbook, inspirados por el proyecto One Laptop per Child de Nicholas Negroponte, pensaron que su empresa iba a cambiar tanto?
Respuesta: Era un paso natural. Así nos lo pareció y por eso dimos el paso. Del netbook al portátil y ahora al ultrabook. Por el camino hemos pasado por las tabletas y móviles. Confieso que tuvimos mucha suerte. La comunicación y la convergencia son algo más que las palabras de moda en este congreso.

P. ¿Por qué lo considera así?
R. Porque ahora todo el mundo habla de ello, pero no lo llevan a cabo de una manera tan evidente. En nuestro caso la innovación forma parte de nuestro ADN. Pronto veremos cómo aparecen aparatos parecidos al PadFone, no solo nuestros, sino también de otros fabricantes.

P.El corazón de este aparato es un teléfono, ¿qué les llevó a tomar esta decisión?
R. Después de lanzar una tableta, con su teclado, con éxito, vimos que era la mejor decisión. Conseguimos que la gente lleve consigo siempre el núcleo de la vida digital.

P. ¿Cree que es más tableta, teléfono o portátil?
R. Es una combinación entre la mejor tecnología disponible y los deseos del consumidor.

P. ¿Qué tipo de aplicaciones lleva?
R. Todas las de Android, claro, pero también algunas adaptadas a cada una de las funciones. Tenemos a disposición de los desarrolladores las instrucciones para que construyan a partir de ello.

P. Asus fue la primera empresa en lanzar los Ultrabooks, los nuevos portátiles ultraligeros que promueve Intel, ¿por qué no usan sus procesadores en los teléfonos?
R. Cuando empezamos a trabajar, Intel todavía no tenía disponible estos procesadores. Ahora tiene un nuevo terreno en el que luchar y vamos a seguirlo de cerca. En los ordenadores confiamos plenamente en ellos.

P. Sorprende que en el campo de las móviles ustedes solo confíen en Android. ¿Solo les interesa Microsoft para los ordenadores?
R. Nunca nos hemos olvidado de ellos. Ni de Windows ni de Intel, pero tiene que pasar un poco más de tiempo para que esta convergencia de la que hablo sea real con Windows 8. Android lo está consiguiendo y quiere ponerse a la altura. No despreciamos a ninguno de los dos.

P. ¿Algún día veremos baterías duraderas, de las que permitan estar lejos del enchufe de verdad?
R. PadFone es una opción clara en ese aspecto. Con la base de teclado o la tableta se multiplica la duración de un móvil normal. Puede ser hasta nueve veces superior a la competencia. Quiero aclarar que mejorar la batería no es solo poner más miliamperios, sino en gestionar mejor la demanda. Es una de las claves para que todo de lo que se habla en esta feria sea ficción o realidad.

P. ¿Los aparatos nos cambian?
R. Creo que sí. Antes el ancla con la vida digital estaba en el portátil. Eso ya es historia. Los usos marcan estilos de vida. La integración de la nube, con todos nuestros datos, en el teléfono van a dar un giro drástico. Nuestra aportación es el PadFone, de momento…

P. ¿Por qué está tan seguro?
R. Porque el éxito está en ponerse en el lugar del cliente. Para la mayoría este es el final del proceso. Para nosotros está antes que nada. Cada ingeniero que trabaja en Asus tiene que entender esto.

P. ¿Observa diferencias entre los mercados de Estados Unidos, Europa, Asia y los países emergentes?
R. Al margen de la conectividad, hay alguna pero no es tanto una cuestión de gusto como de infraestructura. Si es un mercado maduro se porta de manera diferente que uno emergente, pero lo esencial es ser rápidos con los cambios.